Jubileo de los Jóvenes - Por Tu camino o el mío

Jubileo de los Jóvenes - Por Tu camino o el mío

Tras la Vigilia de Oración hemos pasado la noche en Tor Vergata… para celebrar la Eucaristía de Envío presidida por el Papa León XIV. Momento para tomar una decisión… “por Tu camino o el mío” (Hechos 22, 5-15). ¿Para qué nos ha escogido Dios?

 

3 de agosto - Tor Vergata - Roma

“Por Tu camino o el mío” (Hechos 22, 5-15)

 

Me dirigía a Damasco, con ánimo de traer a Jerusalén encadenados a los creyentes que allí hubiera, para que fueran castigados. Iba, pues, camino de Damasco, y cuando estaba ya cerca de la ciudad, hacia mediodía, de repente brilló a mi alrededor una luz cegadora venida del cielo. Caí al suelo, y oí una voz que me decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?» Yo respondí: «¿Quién eres, Señor?» Y me dijo: «¡Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues!».

Los que venían conmigo vieron la luz, pero no oyeron la voz del que me hablaba. Yo dije: «¿Qué debo hacer?» Y el Señor me dijo: «Levántate y vete a Damasco; allí te dirán lo que debes hacer».

Como no veía nada, debido al resplandor de aquella luz, entré en Damasco de la mano de mis compañeros. Un cierto Ananías, hombre piadoso según la ley, bien acreditado ante todos los judíos que allí vivían, vino a verme y me dijo: «El Dios de nuestros antepasados te ha escogido para que conozcas su voluntad, para que veas al Justo y oigas su voz. Porque has de ser testigo suyo ante todos los hombres de lo que has visto y oído. No pierdas tiempo, ahora; levántate, recibe el Bautismo y lava tus pecados invocando su nombre».

 

 

¿por qué me persigues? … no perseguimos a Jesús, pero… ¿huyes de Él, de su palabra, de su voluntad, de su llamada?

 ¿Qué debo hacer? ¿Te dejas “acompañar” para saber qué quiere Dios de ti?

 Te ha escogido… para ser testigo. ¿Para qué crees que Dios te ha escogido a ti?

 No pierdas tiempo, ¡ahora!

 

 

San Pablo

De fariseo y perseguidor de los cristianos, a defensor de la fe y Apóstol.

El encuentro personal con Jesús Resucitado, camino a Damasco, cambia radicalmente su vida. Reconoce que su vocación y capacidad para la misión es fruto de Dios, y no de sus méritos.

En Roma estuvo preso 2 años en la casa de san Lucas, donde coincidió con san Pedro.

 

 

En efecto, para el cristiano, esperar es mucho más que un simple optimismo humano: es ante todo una certeza basada en la fe en Dios, que actúa en la historia de cada persona. Y así, la vocación madura en la fidelidad diaria al Evangelio, en la oración, en el discernimiento y en el servicio.

Queridos jóvenes, la esperanza en Dios no defrauda, porque Él guía cada paso de quien se confía a Él. El mundo necesita jóvenes que sean peregrinos de esperanza, valientes en dedicar su vida a Cristo y llenos de la alegría por el hecho mismo de ser sus discípulos-misioneros. (Francisco)