Tras las intensas jornadas vividas el sábado y el domingo en Tor Vergata… llega el momento de posar la experiencia, y de seguir adelante. “No temáis…” se nos dice el Evangelio de Mateo (14, 22-33). ¿Estamos dispuestos a dar “un salto de FE” por Jesús?
4 de agosto – Roma - Civitavecchia
“No temáis… un salto de FE” (Mateo 14, 22-33)
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Mandó a sus discípulos que subieran a la barca y que fueran delante de él a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Después subió al monte para orar a solas. La barca, que estaba ya muy lejos de la orilla, era sacudida por las olas, porque el viento era contrario. Al final ya de la noche, Jesús se acercó a ellos caminando sobre el lago. Los discípulos, al verlo caminar sobre el lago, se asustaron y decían: «Es un fantasma». Y se pusieron a gritar de miedo. Pero Jesús les dijo enseguida: –«¡Animo! Soy yo, no temáis». Pedro le respondió: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti sobre las aguas». Jesús le dijo: «Ven» Pedro saltó de la barca y, andando sobre las aguas, iba hacia Jesús. Pero al ver la violencia del viento se asustó y, como empezaba a hundirse, gritó: «!Señor, sálvame!» Jesús le tendió la mano, lo agarró y le dijo: –«¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?» Subieron a la barca, y el viento se calmó. Y los que estaban en ella se postraron ante Jesús, diciendo: «En verdad eres Hijo de Dios». |
• Cuando las cosas van mal… ¿Sientes a Jesús cerca?
• ¿Estarías dispuesto a dar “un salto de FE” por Jesús?
• ¿Por qué dudas?
San Pedro
De pescador de Galilea a “pescador de hombres” y Apóstol.
A pesar de sus errores y titubeos, fue testigo fundamental del Resucitado, ejemplo de fe, entrega al servicio de Dios y del Evangelio.
Son la promesa de esperanza para muchos de nosotros. El mundo los mira y les dice: los necesitamos, los queremos con nosotros para compartir esta misión -como Iglesia y en la sociedad- de proclamar un mensaje de verdadera esperanza y de promover la paz, de promover la armonía entre todos los pueblos. (León XIV)
Queridos jóvenes, el mundo los empuja a tomar decisiones apresuradas, a llenar sus días de ruido, impidiéndoles experimentar un silencio abierto a Dios, que habla al corazón. Tengan el valor de detenerse, de escuchar dentro de ustedes mismos y de preguntarle a Dios qué sueña para ustedes. El silencio en la oración es indispensable para “leer” la llamada de Dios en la propia historia y responder con libertad y de manera consciente. (Francisco)
Todos podemos ser peregrinos de esperanza si hacemos de nuestra vida un don, especialmente al servicio de quienes habitan las periferias materiales y existenciales del mundo. Quien se pone a la escucha de Dios no puede ignorar el clamor de tantos hermanos y hermanas que se sienten excluidos, heridos o abandonados. Toda vocación nos abre a la misión de ser presencia de Cristo allí donde más se necesita luz y consuelo. (Francisco)