Fin del viaje. Cruzar el Mediterráneo para llegar a Barcelona y poner rumbo a Palencia. Como nos cuenta el Evangelio de Lucas (24, 13-350) los discípulos de Emaús llevaban “… ardiendo el corazón”. Que hablaron de lo que había pasado, escucharon las palabras de Jesús, lo reconocieron… y regresaron para contarlo.
5 de agosto - Mar Mediterráneo - Barcelona - Palencia
“… ardiendo el corazón” (Lucas 24, 13-35)
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“Aquel mismo día, dos de los discípulos iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos once kilómetros; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: – «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?». Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió: – «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?». Él les dijo: – «¿Qué?». Ellos le contestaron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron». Entonces él les dijo: – «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?». Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras. Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo: – «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída». Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista. Y se dijeron el uno al otro: – «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?». Y, levantándose en aquel momento, regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: – «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón». Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. |
• Hablando de lo que había pasado… ¿Cuál es la situación de tu vida? ¿Qué cuentas de ella? … huidas, miedos, proyectos, gozos, fatigas…
• Escuchando una Palabra que ilumina, la de Jesús… ¿De qué “palabras” y personas te guías? Al escuchar la palabra de Jesús ¿sientes algo especial?
• Lo reconocieron… ¿Cómo dirías que Jesús está contigo? ¿Cómo lo reconoces?
• Regresaron… y contaron cómo lo habían reconocido… … si la vida de Jesús hace “arda tu corazón”, ¿cómo compartes la alegría de creer en Él?
El descubrimiento de la propia vocación se produce en un camino de discernimiento. Este proceso nunca es solitario, sino que se desarrolla en el seno de la comunidad cristiana y junto con ella.
Los agentes de pastoral —especialmente los acompañantes espirituales— no deben tener miedo de acompañar a los jóvenes con la confianza esperanzada y paciente de la pedagogía divina. Se trata de ser para ellos personas de escucha y acogida respetuosa en las que puedan confiar, guías sabios dispuestos a ayudarles y a reconocer los signos de Dios en su camino. (Francisco)
RECONOCE Y AGRADECE…
para seguir caminando
Te doy gracias Padre Bueno por….
(Unas pistas desde las que puedes dar las Gracias: la naturaleza, las etapas, los compañeros, los adultos, lo que he aprendido cada día, las llamadas que me ha hecho Jesús…).
A lo largo del día acércate a un compañero o a un adulto y dale las gracias por estos días. Se lo puedes hacer con un abrazo o como veas.
“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados”
Le presentamos al Señor, los cansancios de estos días, nuestros miedos, nuestras dudas, lo que me interroga, lo que tengo que cambiar. Os invitamos a que sintáis su abrazo, su fuerza, su amor…
DE CARA AL FUTURO…
desde el proyecto de vida, desde la experiencia de estos días
• Me comprometo a…
• Me siento llamado en la Iglesia, la parroquia, mi grupo a…
• Me gustaría que juntos, a corto plazo, hiciésemos …
“GRACIAS A TI”
Hoy es un día mejor
El cielo tiene color
En el aire se respira el amor
Hay una nueva ilusión
Que llena mi corazón
En mi mundo se ha borrado el temor
Te entrego en esta canción
Las palabras de mi corazón
Hoy quiero darte las gracias
Por darme esperanza
Y poder caminar junto a ti
Por ayudar con el alma
Y brindarme confianza
Por darme fuerzas para seguir
¿Qué más te puedo decir?
Hoy puedo soñar y reír
Gracias a ti, a ti, a ti
Gracias a ti, a ti, a ti
Gracias a ti, a ti, a ti
Gracias a ti, a ti, a ti
Me has enseñado a vivir
A no olvidar ser feliz
A cada día el amor compartir
Te entrego en esta canción
Las palabras de mi corazón
Hoy quiero darte las gracias
Por darme esperanza
Y poder caminar junto a ti
Por ayudar con el alma
Y brindarme confianza
Por darme fuerzas para seguir
¿Qué más te puedo decir?
Hoy puedo soñar y reír
Gracias a ti, a ti, a ti
Gracias a ti, a ti, a ti
Gracias a ti, a ti, a ti
Gracias a ti, a ti, a ti
Al reuniros como comunidad de fe, al ofrecer su experiencia de alegría y esperanza, pueden comprender, pueden descubrir que ustedes también son, de hecho, faros de esperanza. Esa luz, que puede no ser fácil de ver en el horizonte; sin embargo, a medida que crecemos en nuestra unidad, a medida que nos reunimos en comunión, descubrimos que esa luz se hace cada vez más brillante. Esa luz que, en realidad, es nuestra fe en Jesucristo. (León XIV)
ORACIÓN DEL PAPA FRANCISCO
Padre que estás en el cielo,
la fe que nos has donado
en tu Hijo Jesucristo, nuestro hermano,
y la llama de caridad
infundida en nuestros corazones por el Espíritu Santo,
despierten en nosotros la bienaventurada esperanza
en la venida de tu Reino.
Tu gracia nos transforme
en dedicados cultivadores de las semillas del Evangelio
que fermenten la humanidad y el cosmos,
en espera confiada
de los cielos nuevos y de la tierra nueva,
cuando, vencidas las fuerzas del mal,
se manifestará para siempre tu gloria.
La gracia del Jubileo
reavive en nosotros, Peregrinos de Esperanza,
el anhelo de los bienes celestiales
y derrame en el mundo entero
la alegría y la paz
de nuestro Redentor.
A ti, Dios bendito eternamente,
sea la alabanza y la gloria por los siglos.
Amén.
En este Año Jubilar de la Esperanza, Cristo, que es nuestra esperanza, nos llama verdaderamente a todos a unirnos, para que seamos un verdadero ejemplo vivo: la luz de la esperanza en el mundo de hoy. (León XIV)