Hay un test psicológico en el que se ofrece a la persona distintas imágenes poco definidas para que construya historias a partir de lo que ve. La última lámina está en blanco. La primera reacción es de desconcierto: el sujeto da vueltas a la hoja sin saber muy bien qué hacer. Después se recompone y construye una historia que suele ser más o menos así: “Esta lámina representa la vida que está por escribir, una página en blanco que expresa el camino a recorrer, las metas a alcanzar, la gente a la que querer...”.
Ahora que comienza un nuevo curso, recibo una nueva página en blanco que puedo añadir al libro de mi vida. Ser el guionista de mi propia existencia fortalece en mí el sentido de autonomía, ya que implica tomar decisiones conscientes y asumir la responsabilidad de sus consecuencias. Además, me da un propósito: me ayuda a definir metas y trabajar para alcanzarlas, construyendo una vida con significado. Y me permite ser proactivo en la redacción de la propia historia, asumiendo compromisos que reflejen mis valores y deseos personales.
Sin embargo y con frecuencia, me veo enredado teniendo un papel secundario en la vida de los demás. Cuando esto ocurre, me dejo arrastrar por la pasividad, de modo que las circunstancias y las acciones de otros influyen en gran medida en el rumbo de mi vida. Al mismo tiempo, siento que a mi existencia le falta dirección: la ausencia de metas claras y definidas me lleva a una sensación de resignación y falta de control. Por último, me vuelvo dependiente de los demás: mi felicidad depende de si los otros me dan más o menos protagonismo en el guion de sus vidas.
Esta metáfora del guionista, al comienzo del nuevo curso, nos invita a reflexionar sobre el grado de responsabilidad que asumimos en nuestra propia vida, preguntándonos si estamos creando activamente la historia que deseamos vivir.
Sin olvidar que “Dios escribe derecho en renglones torcidos”; lo que nos permite aceptar nuestras imperfecciones y confiar en su plan para nuestras vidas, aunque nosotros no seamos capaces de leer todavía las últimas páginas del guion.
Miguel Ruiz