El final del tiempo litúrgico que acabaremos el próximo domingo con la fiesta de Cristo Rey nos ofrece lecturas que hacen referencia al final de los tiempos. La nota sobresaliente de la descripción de esos tiempos finales por parte del autor sagrado destaca que serán difíciles y llenos de problemas.
Tiempos difíciles
Una mirada a nuestro mundo también nos descubre situaciones de violencia, guerras, tensiones y enfrentamientos sociales e ideológicos. Vivimos envueltos en tiempos difíciles con problemas que no somos capaces de resolver. Aunque sabemos que no serán estos los tiempos finales experimentamos los mismos problemas y dificultades que relata el texto del evangelio. Creemos que va a explotar la situación económica, política y social que nos envuelve y surge en nosotros temores y miedos ante el momento actual. Ante un fin complicado y no muy halagüeño descrito con un lenguaje de temor nos preguntamos: ¿Estoy preparado para estos tiempos? ¿Sobreviviré?
Dar testimonio
La propuesta que nos hace el evangelio de hoy es que toda esta situación difícil y complicada en la que nos encontramos debemos aprovecharla para dar testimonio. No es actitud cristiana cruzarse de brazos ante el temor. No cabe mirar para otro lado sino contar con la ayuda de Dios y dar testimonio de que todo pasará para que llegue un tiempo nuevo. Ante los problemas se nos invita a manifestar nuestra confianza en Dios. Ante tantas dificultades debemos manifestar que creemos que Dios no nos dejará solos y estará siempre a nuestro lado. No podemos dejar de dar testimonio con nuestra vida de que con la ayuda de Dios todo esto que ahora nos preocupa y nos quita la paz tendrá solución.
Perseverar
Por otra parte, podemos vivir los mismos acontecimientos, descritos en el evangelio, no desde el miedo y el temor sino desde la confianza. Podemos ver esta situación como oportunidad de crecimiento, de fortaleza y de prueba para superarnos. No cabe entonces el miedo sino la constancia y la perseverancia en que todo tendrá un buen final a pesar de las apariencias actuales. Esta percepción positiva de la realidad negativa en la que vivimos nos invita a colaborar y solucionar los problemas. Nunca puede ser nuestra actitud aguantar sin esperanza ni ver salida al futuro.
Por ello se nos aconseja perseverar, ser constantes en nuestro seguimiento al Señor teniendo encendida la lámpara de la fe. Debemos experimentar que Dios sigue a nuestro lado. Tenemos que ser paciente y reafirmarnos en Dios, sabiendo que no nos abandonará nunca. Busquemos fuerza y seguridad en Dios para que las dificultades no nos hagan perder nunca la esperanza. En el vivir diario, en el afán de cada día tenemos que mantenernos firme en nuestra fe y en el seguimiento a Cristo. Que la situación que nos rodea, por difícil y complicada que sea, no nos quite la esperanza. Que los contratiempos, los problemas que debemos afrontar nunca nos alejen del camino del Señor.
José María de Valles - Delegado diocesano de Liturgia