Llegamos al Tercer Domingo de Adviento… que nos motiva con la frase «me tenderé para ti»… con la propuesta de entendernos como mano tendida, apoyo necesario... tendidos para amortiguar, para brindar espacios de acogida, de crecimiento personal, de amistad y ayuda...
En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras de Cristo, le mandó a preguntar por medio de dos de sus discípulos:
¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro? Jesús les respondió:
Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. ¡Y dichoso el que no se sienta defraudado por mí! [...]
Mt 11,2-11
Daría la sensación de que, Juan, está un poco decepcionado con Jesús. Él esperaba mano dura, hacha, bieldo y fuego. No parece estar del todo satisfecho con el tono amigable, cercano, de mano tendida y buen humor, de vivir y ayudar a vivir, de esperanza, de oferta de vida y de amistad que presenta Jesús.
Y Jesús responde remitiéndose a sus acciones: es el instrumento de un Dios amigo de la vida y de los vivos, que invita a construir arcas de salvación, puentes de encuentro para que las aguas turbulentas de la vida no nos arrastren.
Paul Simon, tomó la frase, que da título a su canción y que nos está sirviendo de hilo conductor en este Adviento, de una canción góspel en la que Dios se ofrece a sí mismo para ser un puente sobre las aguas amenazantes. Desde luego, Jesús, será ese puente que, en la navidad, se tiende para acercarse a la humanidad. Nosotros, la comunidad cristiana somos, estamos llamados a ser ese puente que se tiende en medio de las aguas turbulentas.
Qué propuesta tan bonita e interesante para cada uno, pero, sobre todo, para la comunidad: entendernos como mano abierta, apoyo necesario… tendidos para amortiguar, para brindar espacios de acogida, de crecimiento personal, de amistad y ayuda…
Señor, haz de nosotros
un instrumento de tu paz.
Donde haya odio,
que pongamos amor.
Donde haya ofensa,
pongamos perdón.
Donde haya error,
pongamos verdad.
Donde haya duda,
pongamos fe.
Donde haya desesperación,
pongamos esperanza.
Donde haya tinieblas,
sepamos ser luz.
Donde haya tristeza,
pongamos alegría.
Haz que no busquemos tanto
el ser consolados, como el consolar,
el ser comprendidos, como el comprender,
el ser amados como el amar.
Porque dando
es como se recibe.
Olvidándose de uno mismo
es como podemos encontrarnos.
Perdonando
es como se obtiene perdón.
Muriendo es como se resucita para la vida.