Llegamos al Cuarto Domingo de Adviento… a las puertas del nacimiento de Jesús. Hoy se nos anima con el lema «tu tiempo de brillar ha llegado»… y no nos queda otra que admirar, saborear y agradecer...
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:
María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: - José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo.
[...]
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.
Mt 1,18-24
El nacimiento de Jesús no se libró de sus propias aguas turbulentas que pudieron arrastrarle a la nada: celos, sospechas, honor, presión social… pero, en aquel caso, pudieron más los puentes: amor, confianza, comprensión, acogida…
Y así hicieron posible a «Dios con nosotros». Como siempre que somos capaces de construir puentes, de derribar barreras, de tender la mano en medio de los mil modos con que nos llegan las aguas turbulentas.
Siempre se nota más el ruido que el silencio, la suciedad que la limpieza… A pesar de que, en cantidad de ocasiones, podamos sentirnos zarandeados por las aguas turbulentas de la vida, seguimos adelante porque hay muchos puentes tendidos que nos permiten avanzar. Personas que, como José, prefieren perdonar, confiar, abrir las puertas, escuchar, echar una mano… Y espacios en la parroquia, en el pueblo, en el barrio, en la asociación, que tienden sus puentes para que la vida cotidiana sea más amable para todos.
¡Dios con nosotros!
Aprovecha para hacerte consciente de esas personas, de ti mismo, de los grupos que van haciendo ambientes y espacios amigables en torno nuestro.
Esta navidad es tiempo de encuentros, de fiestas, de alegría… aprovecha para dar el primer paso y acercarte, para agradecer… para ser el puente que haga posible que Dios sea un poco más Dios con nosotros.
Dios en medio de nosotros,
gozándose en nuestros gozos
y sufriendo en nuestras penas,
esforzado en nuestras luchas
y sonriendo en la amistad...
Tú estás siempre con nosotros
Dios tan cercano a mí,
enredado en mis contradicciones,
asomado a mis ojos perplejos,
arrinconado en el desván
o en el sótano con nosotros...
Tú estás siempre con nosotros
Con nosotros a lo ancho de la tierra
y a lo largo de la historia;
glorificado en el corazón del mundo,
maltratado en los márgenes de la vida,
agonizando y resucitando con nosotros...
Tú estás siempre con nosotros
Dios en Juan y María,
en Andrés, en Oliva, en Mónica, en el señor Pedro...
Dios en ti y en mí...
en nuestros profundos deseos de vivir,
de que la vida sea mejor para todos.
Tú estás siempre con nosotros