El texto litúrgico de este domingo se desarrolla en Galilea, comienzo de la predicación de Jesús. Pero Galilea no es un lugar solamente geográfico. Bíblicamente es el lugar de los paganos, la tierra de los gentiles. De ahí que la galilea en una iglesia se refiera al vestíbulo, atrio o pórtico, usualmente en el extremo oeste, que precede a la entrada de iglesias, catedrales y monasterios. Cumplía funciones de espacio de espera, para catecúmenos o como lugar de enterramiento, y su nombre tiene un significado simbólico asociado con la región bíblica de Galilea.
Inicio de la Misión
Es en Galilea donde se inicia la misión que Jesús ha venido a desarrollar en la tierra. Esta misión se presenta como un camino, un recorrido que lleva y termina en Jerusalén. Estamos al comienzo, lejos de la meta, pero por eso es importante este tiempo del inicio y del comienzo. San Mateo resalta este valor de este tiempo y espacio donde se inicia la actividad misionera de Jesús alabando el valor de esta tierra. Resulta profético que allí donde parece que no hay posibilidad de nada, surja una oportunidad. En ese pueblo que para los judíos habitaban en tinieblas porque no conocían la luz de Dios, les brilló una luz. Desde Galilea, Jesús, luz del mundo, inicia su misión. Desde allí se expande la luz comenzando por sus discípulos.
Convertíos
Esa misión profética de Cristo se reduce a una palabra: CONVERTÍOS. La cercanía del reino nos exige cambiar de vida, modificar nuestro comportamiento, actuar de otra manera. Convertirse supone mucho más que cambiar algo de lo exterior, implica un cambio profundo, interior que modifique lo que somos. Se intuye que esto no pueda ser una propuesta para un momento. Convertirse debe ser un proceso lento y largo en el que paso a paso y poco a poco uno va modificando muchas cosas. No puede ser efecto de un brebaje mágico sino la acción permanente y continua de la voluntad por cambiar nuestra persona. Y a esto se dedica el Maestro a proponer esa conversión a todos nosotros. ¿No se explica así que quiera elegir unos compañeros de camino para que, a su lado, puedan convertirse?
Llamada al discipulado
En Galilea también tiene lugar la primera llamada de Jesús a sus discípulos. “Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres” es la invitación que reciben Pedro y Andrés y los hijos del Zebedeo, Santiago y Juan. Era su tierra y estaban en su trabajo, pescando porque eran pescadores. Y sin darse cuenta cayeron en las redes del Maestro. No difiere mucho la pedagogía que Dios sigue usando en todo tiempo para elegir colaboradores en su misión. En nuestra tierra, en nuestro faenar diario Dios sigue llamando y proponiéndonos ser pescadores, no de peces, sino de seguidores de Jesús. Una llamada que debemos seguir escuchando todos nosotros en nuestro día a día y en nuestro ambiente. A ti y a mí y cada uno de nosotros, Jesús nos sigue proponiendo que le sigamos. ¿Qué nos impide escuchar su voz? ¿Qué afanes y trabajos nos impiden seguirle?
Hoy que celebramos la conversión de san Pablo y su seguimiento a Cristo tomemos sigamos su ejemplo de cambiar y convertirnos en seguidores de Jesús.
José María de Valles - Delegado diocesano de Liturgia