Palabra y Vida - Los sencillos… predilectos de Dios

Palabra y Vida - Los sencillos… predilectos de Dios

Febrero es el mes más corto de los meses. Sirva este pequeño dato para introducir el tema que en este cuarto domingo del tiempo ordinario rezamos, meditamos y celebramos. Lo pequeño, lo que no cuenta, lo sencillo es lo predilecto y elegido de Dios. Así podemos resumir el mensaje de este domingo.

 

¿Bienaventurados?

El evangelio hoy nos relata el sermón de las Bienaventuranzas. Texto que siempre nos desborda y que sobrepasa nuestra forma de ser y pensar. Nos impresiona leerlo y nos asusta practicarlo. Jesús propone un criterio diferente al de la sociedad para lograr la felicidad. Veinte siglos después, su propuesta sigue siendo incomprensible- Nos cuesta apostar por ella como elección para lograr la felicidad en nuestra vida. Incluso no nos atrevemos a proponerla y, por tanto, a cumplirla. Pensamos que se reirán de nosotros. Nos tomarán por locos si proponemos como forma de alcanzar la felicidad ser pobre, llorar, ser misericordioso o sufrir persecución por defender la verdad y la justicia. Podemos luchar por la paz, podemos aspirar a ser limpios de corazón, pero alegrarnos cuando nos insulte o calumnien nos parece estar fuera de nuestras fuerzas.

 

Esperanzados

Una segunda idea del mensaje litúrgico de este domingo lleva a poner en valor lo pequeño como semilla de ESPERANZA. La propuesta de Jesús deja claro que no es para todos. Solo unos pocos la aceptarán. La iglesia, elegida por Dios, camina como un “resto” mostrando la forma de ser felices a nuestro mundo. Ante los miedos que nos surgen, la presencia de Cristo en medio de nosotros hace que la iglesia cuente con la mayor fortaleza: la fuerza del Espíritu. Con ella todos sus miembros podemos llegar a la santidad, a la felicidad a vivir las bienaventuranzas cumpliendo aquello que a los ojos del mundo no parece dar felicidad.

Sin duda que ahora entendemos que son pocos los que elijan vivir así. Descubramos que la santidad exige un cambio de nuestros comportamientos y de nuestros pensamientos. El Señor seguirá confiando en quienes así lo hagan y a través de ellos renovará la Iglesia porque para llenarnos de Dios debemos despojarnos de las cosas materiales.

Cuando miramos nuestras asistencias a la eucaristía dominical podemos pensar que somos pocos. No sea esto nunca sino un motivo de esperanza para nosotros. Sintámonos elegidos por el Señor para seguir viviendo al estilo de las bienaventuranzas que Jesús nos propone. Llenémonos de esperanza porque nosotros podemos alejarnos de Dios, pero Dios nunca estará lejos de nosotros.

 

José María de Valles - Delegado diocesano de Liturgia