La Cuaresma, en este ciclo A, nos va a proponer tres encuentros poderosos de Jesús, con la Samaritana, con el ciego de nacimiento, con Lázaro y sus hermanas. Por otro lado, tratamos de mantener esta imagen tan potente del puente, que nos está sirviendo de hilo conductor a lo largo de todo el año. Desde ahí viene la propuesta de este doble eslogan para la Cuaresma: «Cruzar el puente. Un puente para el encuentro».
Y proponemos el siguiente itinerario para los cinco domingos.
Primer Domingo • Tentaciones
Cruzar el puente hacia el desierto para el encuentro con uno mismo
En este primer domingo de cuaresma nos encontramos año tras año con el pasaje de las tentaciones de Jesús.
Jesús, después de ser bautizado en el Jordán, es conducido por el Espíritu al desierto, un lugar tan cargado de significados a lo largo de toda la historia de su pueblo: el lugar del amor primero, pero, también, el lugar de la prueba.
En este contexto se nos invita a cruzar el puente que nos saca de los mil y un ruidos de la vida, dedicar tiempo para el silencio, para la contemplación, para sondearnos por dentro y descubrirnos ante nosotros mismos y ante Dios. Nuestro ser más auténtico.
Qué nos mueve, cuáles son nuestras pequeñas trampas camufladas, qué alimenta de verdad nuestro ser y nuestro hacer…
Segundo Domingo • Transfiguración
Cruzar el puente que atraviesa las apariencias para encontrarnos con lo sagrado
Este segundo domingo es el complemento del anterior, cada año subimos al monte con Jesús, que nos enseña a transfigurar, a ver debajo de lo superficial, de las apariencias, para descubrir lo que de divino y sagrado se esconde ahí. Al Dios con nosotros. Y, así, valorar lo que no parece tan importante, pero que sí que lo es, lo de todos los días, lo cotidiano, que es lo que llena nuestra vida.
Y después, bajar del monte cargados de sentido para seguir afrontando la vida con calidad, dando valor a lo que realmente lo tiene, encajando las contradicciones y los reveses de la vida, superando tentaciones y atajos.
Tercer Domingo • Samaritana
Cruzar el puente que supera fronteras para encontrarnos con los que no son como nosotros
Tras la tradicional puerta de entrada de estos dos primeros domingos vamos a recorrer, a lo largo de los tres siguientes, por los difíciles y profundos diálogos del cuarto evangelista.
Nos encontramos en tierra extranjera y hostil, en la debilidad. Jesús atraviesa esas barreras de hostilidad, de la nacionalidad, del género, de la religión… poco a poco se van relativizando las diferencias de superficie, las que nos separan, para llegar a un encuentro "en Espíritu y en Verdad" que enriquece a todos. De la sed inicial, de Jesús, de la samaritana, al reconocimiento y a la comunión final.
Cuarto Domingo • Ciego de Nacimiento
Cruzar el puente que atraviesa los prejuicios para encontrarnos con la Verdad
Un dialogo inicial, ante el encuentro con el ciego, marca ya la tonalidad de todo el pasaje: Las apariencias y los prejuicios ven el en ciego a un maldito. Atravesando las apariencias y los convencionalismos, Jesús ve en el ciego una llamada de Dios a transformar su sufrimiento y reintegrarlo a la vida.
En sábado. Dónde está lo sagrado, lo de Dios, en la norma o en la curación. Dónde está la mano de Dios, en la maldición que le hizo ciego de nacimiento o en la bendición que le ha reintegrado a la vida.
Juan, que es un maestro de la ironía, nos va presentando en contraste como los sucesivos encuentros del ciego con los judíos se van convirtiendo, cada vez de un modo más obstinado, en desencuentros. Al contrario, los encuentros con Jesús le van abriendo, lentamente, hasta el reconocimiento, el verdadero encuentro.
Quinto Domingo • Lázaro
Cruzar el puente que atraviesa la frustración para encontrarse con la Vida
El último de los signos de Jesús en el evangelio de Juan.
Jesús se enfrenta a la muerte y a los que han quedado decepcionados y resignados a esa muerte, como que no quedara otro remedio que someterse y aceptar.
Este es uno de los pocos pasajes en los cuatro evangelios en que se nos permite ver la interioridad de Jesús, sus motivaciones, su mundo afectivo. No es casualidad.
El episodio desarrolla esencialmente dos largas conversaciones, con cada una de las hermanas de Lázaro, para abrir una puerta a la esperanza que las haga salir de la frustración y el desaliento hacia un futuro y una apertura que la realidad parece negar.
Y, a partir de esa esperanza, arraigada en el cariño, la losa se mueve y lo que parecía acabado, se abre al futuro, a nuevas posibilidades, se abre a la Vida.