“Sin filtros”. Así es como os invito a hablar hoy de lo que pasa dentro de nuestras casas. Y me gustaría que hiciéramos una pausa y pensáramos en algo que pasa cada día en nuestros hogares. Seguramente os suena esta escena: estamos todos juntos en el salón, pero cada uno está en su propio mundo, mirando la pantalla del móvil.
Hoy en día, parece que todo va a mil por hora. Si queremos comida, la pedimos por una app; si queremos ver una serie, la tenemos al momento. Y lo más peligroso: parece que estamos empezando a tratar a las personas y a nuestras relaciones con esa misma prisa.
A veces, nuestros hijos -o incluso nosotros mismos- nos estamos acostumbrando a lo que yo llamo el “amor de usar y tirar”. Como en las redes sociales todo es tan fácil de cambiar con solo deslizar un dedo, cuando surge el primer problema en una pareja o en una amistad, en vez de intentar arreglarlo, lo más fácil parece ser borrar a esa persona y buscar a otra.
Aquí es donde la familia tiene un papel fundamental. Tenemos que ser el lugar donde se aprenda que las cosas valiosas llevan tiempo. Que discutir no es el fin del mundo, sino una oportunidad para entender al otro. Que el sexo y el amor no son un producto que se consume, sino algo que se cuida con cariño y paciencia.
Si en casa no nos miramos a los ojos cuando hablamos, si no enseñamos a nuestros hijos a gestionar la frustración cuando algo no sale a la primera, les estamos dejando solos ante un mundo digital que les dice que todo es desechable.
Así que mi invitación de hoy es sencilla: Tenemos que recordarles a los nuestros, con el ejemplo, que el amor no es un examen que se aprueba o se suspende, ni una foto que tiene que ser perfecta para que otros le den a “me gusta”.
Enseñemos a nuestros hijos que ser valientes hoy no es tener muchos seguidores, sino ser capaz de quedarse cuando las cosas se ponen difíciles. Porque al final del día, lo que de verdad nos cura y nos sostiene no es un “match” en una pantalla, sino saber que volvemos a una casa donde nos quieren por quienes somos, con todos nuestros remiendos y nuestras dudas.
Atrevámonos a ser ese refugio de lo real, donde el tiempo se detiene y las personas son lo primero.
Cuca Álvarez