Vamos llegando al final de la Pascua. Los siguientes domingos de mayo celebraremos la festividad de la Ascensión, Pentecostés, la Santísima Trinidad y el Corpus Christi, que será el primer domingo de junio, después del cual volveremos al tiempo ordinario con el domingo XI del tiempo ordinario. El evangelio de san Juan continúa relatando el discurso de despedida de Jesús a sus discípulos en el cual les pide dos cosas y les promete que siempre estará con ellos.
Amar y guardar sus mandatos
En la cena final de Jesús con sus discípulos Jesús transmite a sus discípulos aquellos consejos más valiosos e importantes. Ente ellos les pide que conserven su amor, pero además les muestra cómo hacerlo. Guardar sus palabras y cumplir sus mandatos será la forma correcta conservar su amor y de amar al Señor. Amor que no puede quedarse en algo sentimental o simplemente mental. Debe ser vida, compromiso y esfuerzo diario, porque como dice el dicho popular, obras son amores y no buenas razones. Jesús quiere que sus discípulos sepan guardar su palaba y conservar su amor cumpliendo sus mandatos, sus mandamientos aquello que les ha ido proponiendo en los tres años que han pasado juntos. La escuela de la enseñanza tiene que dar paso al taller de la acción. Jesús deja claro que amarlo no puede reducirse a recuerdos, buenas intenciones o sentimientos sino al compromiso de seguir poniendo en práctica todo lo que Él ha vivido.
No os dejaré huérfanos
Sin duda alguna Jesús sabía de lo difícil y complicado que suponía todo ello. Por eso les dice que pedirá al Padre otro paráclito, palabra con la que designamos al Espíritu Santo. Es bueno adentrarnos en el significado original del término “paráclito” que hoy nos resulta vago y difuminado. En su origen paráclito hacía referencia a la persona que uno buscaba para que lo defendiera bien ante un juicio o en cualquier otra situación en la que necesitara ayuda y protección. Por eso lo hemos traducido como abogado, defensor, intercesor, consolador… términos con los que hemos identificado al Espíritu Santo. Jesús quiere que el paráclito les defienda ante las situaciones de peligro, de miedo y de temor a olvidar su amor y no cumplir su mandato. Además, quiere que el paráclito les recuerde y les enseñe sus palabras y puedan así entenderlas para vivirlas. Ese espíritu que pedirá al Padre para ellos les hará comprender con claridad sus enseñanzas y no las olviden cuando no esté con ellos. Es la promesa de que estará con ellos para que no desfallezcan. Es la promesa de les fortalecerá y guiará ayudándoles en la debilidad.
Nosotros podemos abandonar a Jesús, pero Él nunca nos dejará solos es la conclusión a la debemos llegar en este sexto domingo de la Pascua. Pidamos saber valorar su presencia entre nosotros.
José María de Valles - Delegado diocesano de Liturgia