Me han dicho...

Me han dicho...

Se calcula que un porcentaje bastante elevado de nuestras conversaciones van sobre una persona que no está presente y, muchas veces, de una manera maliciosa.

A pesar de que sepamos que no estamos obrando bien, en numerosas ocasiones, parece que no podemos evitar el cotilleo. Nos sentimos atraídos por la vida y andanzas de los demás, movidos a opinar y a discutir sus errores y debilidades, muchas veces dando pie a que circulen informaciones falsas, no contrastadas o que no deberían airearse.

Aunque tendamos a no considerarlo un fenómeno importante, no se trata de un tema banal ya que por estos cotilleos se puede ver afectada la reputación de una persona, violar su intimidad, engañar, romper relaciones, crear enemistades, etc. El problema surge cuando dices cosas con mala intención, cuando cuentas cosas de otras personas que no estás seguro que sean ciertas, o desvelas información íntima que sabes (o crees) que debería mantenerse en secreto.

El que murmura hace daño a tres personas, a él mismo, al que escucha sin desmentirle y a la persona de quien se murmura. Si se tiene algo que reprochar a alguien, este debería ser el primero en escuchar el reproche, pero lamentablemente por la falta de sinceridad, el maledicente se encuentra con el compañero, le sonríe y le saluda con palabras amables, para después apenas despedido comenzar de una manera u otra a hablar mal de él.

El rasgo principal del chisme es la mentira o la verdad dicha a medias, siendo parte importante el infundio y la calumnia y si le añadimos que cada oyente, en el momento de contárselo a otro le agrega un poco más de sal de su propia cosecha, nos encontramos con monstruosidades que suelen acabar con el honor y la dignidad de las personas. Increíblemente muchas veces se usa el chisme contra personas consideradas amigas actuando con una hipocresía y maldad incomprensibles.

Lo verdaderamente importante es la consideración de que no transmitamos cotilleos, o rumores. Creo que nadie debería decir “por detrás”, clandestinamente, nada que no pueda decir en presencia de la persona a la que se refiere. ¿Quieres saber algo? Pregunta. ¿Quieres criticar? Critica o argumenta (eso no es malo) pero siempre por delante. El tema es que el cotilla no suele atreverse cuando está frente a su víctima.

Si a la persona le dolería escucharlo, mejor no lo digas. Piensa lo que quieras, pero no lo digas a no ser que sea estrictamente necesario. Así de fácil.

Pablo Espina