Envidia sana o admiración inspiradora

Envidia sana o admiración inspiradora

La “envidia sana” es una expresión que utilizamos con frecuencia. Un amigo se compra la casa que siempre soñó, una compañera consigue el trabajo que deseaba o alguien cercano alcanza una meta importante, y decimos: “¡Qué envidia sana me das!”.

Sin embargo, la envidia no suele ser sana. Aparece cuando el éxito de otra persona nos incomoda, cuando sentimos que su logro pone en evidencia aquello que nosotros todavía no hemos conseguido. La comparación ocupa entonces el centro de la escena y el bienestar ajeno produce en nosotros resentimiento. Solemos pensar: “Quiero lo que tienes y me molesta que lo tengas”.

Otra emoción muy distinta es la admiración inspiradora. Es el asombro que nace cuando observamos el éxito de alguien y nos sentimos motivados. En lugar de pensar: “¿Por qué él y no yo?”, nos decimos: “Si él ha podido, quizá yo también pueda”. El logro del otro deja de ser una amenaza para convertirse en un ejemplo a seguir.

Con frecuencia se dice que los amigos de verdad son aquellos que permanecen a nuestro lado en los momentos difíciles. Es cierto. Acompañar a alguien en una pérdida, una enfermedad o una decepción tiene un enorme valor humano.

Pero habría que añadir que la verdadera amistad se mide también por nuestra capacidad de alegrarnos sinceramente cuando al otro le va bien. Compartir las alegrías pide de nosotros un plus de generosidad. Exige dejar de compararnos, reconociendo el mérito ajeno sin sentir que eso afecta a nuestra autoestima.

No siempre es fácil celebrar que un amigo se supere a sí mismo. En esas situaciones, solemos quedarnos en silencio, responder con frialdad, hacer un comentario crítico inoportuno o cambiar rápidamente de tema porque, en el fondo, el éxito ajeno despierta una comparación incómoda.

La alternativa es expresar una admiración sincera: felicitar, reconocer el esfuerzo realizado y alegrarnos por el resultado obtenido. Tal vez, entonces, lo que llamamos “envidia sana” sea más bien admiración e inspiración. O quizá sea una de las expresiones más hermosas de la amistad que nos permite celebrar el bien ajeno como si fuera un poco nuestro.

Miguel Ruiz