¿Y si esa voz no fueras tú?

¿Y si esa voz no fueras tú?

Estás a punto de hacer algo importante y, de repente, aparece esa voz en tu cabeza. “Lo vas a hacer mal”. “No eres suficiente”. “Seguro que te equivocas”. En algún momento todos hemos escuchado esto por dentro.

Lo curioso es que nadie de fuera te lo ha dicho. Y, sin embargo, parece real. No decides que aparezca. La mente genera pensamientos de forma automática, igual que nos late el corazón.

Esa voz es la forma en que nuestra historia habla en el presente. Detrás de frases como “no puedo” o “no valgo” suele haber una narrativa que se ha ido construyendo durante años: comparaciones, críticas, errores o experiencias que acabamos utilizando para explicar quiénes somos.

Imagina a un adolescente antes de un examen. El cuerpo se activa, aparecen los nervios y su mente interpreta: “Ves, no estás preparado”. O una madre que duda de cada decisión y escucha por dentro: “No soy suficientemente buena”.

La voz no crea la historia. La expresa. Y cuando la creemos sin cuestionarla, terminamos actuando como si fuera cierta.

La buena noticia es que no somos responsables del primer pensamiento que aparece. Pero sí de cómo nos relacionamos con él. Podemos creerlo, discutir con él o simplemente observarlo.

Observar es ganar en conciencia. Puedes decirte: “Ah, aquí está otra vez la historia de que no soy suficiente”. Y ese pequeño cambio abre una puerta enorme.

Recuerda: Tus pensamientos hablan de una parte de tu historia, pero no son la realidad. Ni tampoco tu identidad. El error está en creer que los pensamientos que aparecen en mi cabeza son “yo mismo”.

Si escuchas a tu hijo o hija, decir: “soy un desastre”, “nadie me quiere” o “no sirvo para esto”, recuerda esto. Ponte en modo escucha. Ayúdale a distinguir entre lo que ha ocurrido y la historia que su mente está construyendo sobre ello.

Porque educar emocionalmente no consiste en eliminar los pensamientos difíciles, sino en enseñar que una voz interior es solo eso: una voz. Y que siempre podemos decidir si le damos el volante... o simplemente la dejamos viajar en el asiento de atrás.

David Ruiz