Y el séptimo descansó

+ Mons. Manuel Herrero Fernández, OSA. Obispo de Palencia

El ser humano tiene que trabajar y así desarrollarse él mismo, su familia, y contribuir al desarrollo de toda la sociedad y humanidad, pero no vive para trabajar; trabaja para vivir.

Semanalmente tenemos un día de descanso, el domingo, día del Señor Resucitado y de los señores, los hombres. Pero, culturalmente, tenemos las vacaciones, generalmente y en nuestras latitudes, en los meses de julio y agosto.

Es un derecho, aunque muchos no pueden ejercerlo porque tampoco y tristemente tienen un trabajo por la crisis económica, por la política del país, etc. Desde aquí quiero reivindicar el derecho de toda persona a un trabajo decente del que pueda vivir dignamente él o ella y su familia y así contribuir al bien social.

¿Qué sentido tiene las vacaciones? Cada uno puede darle el sentido que él quiera o descubra, desde el no hacer nada o estar ocupado en otras cosas, aficiones y tareas a las que durante el tiempo de trabajo no ha podido cultivar. Desde mi punto de vista es un tiempo de gracia para muchas cosas. Por ejemplo, para descansar, después de un trabajo agotador. Ese descanso, como el descanso nocturno, nos sirve para recuperar fuerzas, para reequilibrar el psiquismo de la persona, etc. Podemos realizar más ejercicio, paseos, subidas a la montaña, natación en playas, ríos o piscinas. Necesitamos pararnos para reflexionar, para hacer un balance de nuestra trayectoria vital, de dónde venimos, a dónde vamos, qué sentido tiene nuestra vida, el trabajo, el dolor; para hacer nosotros un análisis, en la medida que podamos, de la sociedad etc. Tenemos que buscar espacios para hacer posible esta reflexión, buscando espacios o momentos de silencio en casa, en medio de la naturaleza, en un monasterio, en unos días de ejercicios o de retiro. Viene muy bien; os lo digo por experiencia.

También considero que es un tiempo propicio para la cultura del encuentro. Muchas veces, en el transcurso del año, nuestras relaciones se resienten de la prisa, del stress, de las distancias, etc.; las vacaciones propician que podamos relacionarnos más y mejor con nuestra familia, sin prisas, en diálogo sincero y restaurador, con visitas a los parientes, cercanos o lejanos, con los amigos, y con la misma naturaleza, tan castigada en estos días por los incendios, las altas temperaturas y la ausencia de lluvias. Podemos, en vacaciones, cultivar más nuestro espíritu con la cultura; por ejemplo, leyendo algún libro formativo, cultivando aficiones como la música, el cine, visitar nuestro patrimonio. Por cierto, en Palencia tenemos un patrimonio excepcional que podemos visitar, los templos de muchas parroquias, el Románico Norte, Campos del Renacimiento, las Edades del Hombre que están abiertas en Carrión, Sahagún o Plasencia, y, en Palencia, capital, la admirable muestra de nuestra Catedral, la bella desconocida y poco a poco más reconocida, titulada RENACER. Yo invito a todos los palentinos, ciudadanos de Palencia y visitantes, a conocerla. Que no se diga lo que dice un dicho de un pueblo de León: “Muchos van a Tabuyo por ver el Cristo; cuántos hay en Tabuyo que no lo han visto”.

Y por descontado, cultivar nuestra relación con Dios, misterio último que nos da fundamento, nos sostiene y envuelve en su misterio amor. Un Dios que es Padre con entrañas de madre y que en Jesucristo se nos ha revelado y nos ha hecho el don de su Santo Espíritu. El papa Francisco nos hacía el domingo pasado, día 17 de julio, una propuesta concreta. «Aprovechemos este tiempo de vacaciones, para detenernos y ponernos en escucha de Jesús. Hoy cuesta cada vez más encontrar momentos libres para meditar. Para muchas personas los ritmos de trabajo son frenéticos, extenuantes. El período de verano puede ser valioso también para abrir el Evangelio y leerlo lentamente, sin prisa, un pasaje cada día, un pequeño pasaje del Evangelio. Y esto hace entrar en la dinámica de Jesús. Dejémonos interpelar por esas páginas, preguntándonos cómo está yendo nuestra vida, mi vida, si está en línea con lo que dice Jesús o no mucho. En particular preguntémonos: Cuando comienzo el día, ¿me lanzo de cabeza a las cosas que tengo que hacer o busco primero la inspiración en la Palabra de Dios? A veces empezamos los días de forma automática, a hacer las cosas... como las gallinas. No. Debemos empezar los días, en primer lugar, mirando al Señor, tomando su Palabra, breve, pero que sea esta la inspiración del día. Si salimos de casa cada mañana teniendo en mente una palabra de Jesús, seguramente el día adquirirá un tono marcado por esa palabra, que tiene el poder de orientar nuestras acciones según lo que el Señor quiere». (Alocución del Papa Francisco en el Ángelus del domingo 17 de Julio de 2022).

¡Feliz y fructífero descanso y bienvenidos los hijos de esta tierra que vuelven a los pueblos donde están sus raíces y bienvenidos todos los que nos visitan de otras tierras! ¡Feliz Verano!

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