+ Mons. Manuel Herrero Fernández, OSA. Obispo de Palencia
En continuación del artículo de la semana pasada, en el que repasaba las líneas de futuro abiertas en la Diócesis de Palencia tras la fase diocesana del Proceso Sinodal, presento hoy las seis restantes.
La tercera línea es ABRIR NUEVOS HORIZONTES DE TRABAJO PASTORAL. Nuestra realidad pastoral diocesana es pequeña y frágil; nuestras comunidades están formadas por personas mayores, los presbíteros somos personas ya de edad y, de momento, no hay relevo generacional. Además, la pandemia nos ha encerrado, aislado y nos cuesta volver al encuentro; por una parte, hay ganas y así se ha manifestado, pero por otra hay pereza. En la diócesis se han creado experiencias de crecimiento y solidaridad. Nos proponemos cuidar la escucha y abrir procesos de acompañamiento para acoger a las personas que narran, sienten y están en búsqueda. Esta escucha supone dejar que el otro se exprese, intentar comprender para desde ahí ayudar a desvelar la pregunta sobre el sentido de los que somos y hacemos y poder ofrecer la propuesta de Jesús, ayudando a superar una fe mágica y ritualista, pero poco personalizada y muchas veces separada de la vida. En esta línea es fundamental la presencia del laicado en los ámbitos sociales, como foros -por cierto, hace unos días tuvimos un Foro con Jóvenes, el segundo, muy interesante- donde se gestan y debaten cuestiones de futuro.
En cuarto lugar, nos proponemos aprender un NUEVO ESTILO DE RELACIONARNOS. Todos en la Iglesia: presbíteros, laicos, mayores, pequeños, cercanos y distantes. Cada encuentro es una oportunidad para mirar, escuchar e incorporar nuestra experiencia a la de la otra persona. Así construimos juntos. El estilo debe ser el amor que se concreta en servicio, no en poder, la autoridad debe ayudar a crecer, donde la voz y el sentir de la mujer resuene en toda la marchad e la Iglesia, el laicado incorpore su experiencia de fe y de vida, y los miembros de la vida consagrada se hagan presentes con sus carismas. Queremos fomentar la Cultura del Encuentro, cuidando la comunicación, los lenguajes y los medios de conexión. Y todo con transparencia, creatividad, respeto y tolerancia, fomentando el trabajo en red y abiertos a la colaboración con otras personas de distintos ámbitos sociales.
La quinta línea por la que queremos apostar es FOMENTAR LOS ANIMADORES DE LAS COMUNIDADES CRISTIANAS. Hablamos de laicos que, además de echar una mano o las dos, aporten, propongan, decidan y arrastren a otros por su entusiasmo y convencimiento. Queremos fomentar el protagonismo y la formación de los agentes de pastoral; una formación no únicamente teórica, sino práctica y permanente para ejercer un liderazgo; dicho de otra manera, personas, no sólo presbíteros y religiosos, que estén preparadas y capacitadas en su tarea y que estén acompañadas en su labor.
La sexta línea la formulamos así: POSIBILITAR UN CAMBIO EN LAS ESTRUCTURAS DE LA IGLESIA de tal manera que nos conduzca a crecer en participación y corresponsabilidad. Dicho de otra manera, potenciar los Consejos a todos los niveles, pero consejos que no se queden en decir amén a lo que se propone, sino en los que se ejerza una comunión real y se tomen decisiones conjuntas. No se trata de reparto de poderes sino de vivir el servicio. Deseamos ser una Iglesia no excluyente sino inclusiva, donde se reconozcan los diversos carismas que el Espíritu suscita entre nosotros.
También pretendemos que las CELEBRACIONES SE RENUEVEN Y SEAN MÁS VIVAS Y SIGNIFICATIVAS. Que sean alegres, participadas como las desea el Concilio Vaticano II; para ellos queremos impulsar la formación litúrgica teniendo en cuenta las distintas sensibilidades de los participantes por edad, mentalidad, posibilidades, etc.
Y por último queremos que todo lo hagamos desde LA HUMILDAD y LA CREATIVIDAD. La humildad para reconocer nuestros errores, ausencias, nuestra realidad; acompañar como lo hizo Jesús, sin despreciar a nadie, sin creernos más y mejores que los demás, a la vez que reconocemos las maravillas que Dios hace en nosotros y por medio nuestro, como Santa María (Lc 1, 46-55). Una humildad que se manifieste en la transparencia y el testimonio sincero. La otra nota debe ser la creatividad; no poder seguir diciendo actuando porque “siempre se ha hecho así”. Se trata de estar abiertos al Espíritu y adivinar cómo seguir adelante hoy en nuestro mundo, y abiertos. Para ello también debemos cuidar la creatividad en la comunicación y abrirnos a los nuevos lenguajes de nuestra época. Se trata de colaborar con Dios que en y por Cristo resucitado crea y recrea todas las cosas: «Mira, hago nuevas todas las cosas» (Ap 21, 5).