+ Mons. Manuel Herrero Fernández, OSA. Obispo de Palencia
El otro día recibí una revista y me impactó, por su claridad, un artículo que considero clarificador para los hombres y mujeres de hoy. Con permiso del director de la revista Signo resumo su aportación.
El domingo pasado intenté exponer cómo entiende la Iglesia al hombre, su origen, misterio y destino a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia de cara a un posible diálogo. Otra de las maneras de entender al ser humano hoy es la que se denomina con diversas denominaciones, pero fundamentalmente como transhumanismo. ¿Qué significa este término? «Es un movimiento cultural, social y político que pretender transformar la condición humana través de la tecnología con el apoyo firme del mercado. El escándalo está en que el humanismo se contradiga a sí mismo, en lugar de inspirarse en el acto de amor de Dios» (Francisco A. Castro Pérez, sacerdote de Málaga, en Signo, nº 101, enero-marzo 2023, página 12-18). Se trata de una utopía de superar lo humano. Después diversos grupos han puesto prefijos como poshumanismo o transhumanismo y otros. El prefijo “pos” sugiere un cambio de perspectiva que sitúa lo humano en un marco más amplio capaz de integrar nuevos elementos, desdeñando otros; el prefijo “trans” apunta a una superación de la actual humanidad que de forma consciente dirige el proceso evolutivo hacia una fase más avanzada. Estas visiones, hay que advertirlo, no son inocentes ética ni moralmente.
Esta nueva visión de lo humano se expresa en la dimensión cultural, en nuevos imaginarios sociales con sus propuestas éticas.
Una modalidad es el poshumanismo biocéntrico. Ahora todo es bio. Se niega la singularidad humana, como en la película “El Planeta de los Simios”. Para los que piensan así, la humanidad ha surgido de la evolución biológica, como el resto de las especies. El hombre queda reducido a animal, un simio con suerte, destinado a pasar los genes a la próxima generación, sin transcendencia alguna. En esta corriente están los que luchan por los derechos de los animales y por moderar el impacto del ser humano sobre la biosfera; y como se impacta negativamente, hay que reducir la natalidad humana toda costa.
Otra modalidad es el poshumanismo de género, el mito andrógino. Aquí hay situar la ideología de género. Nuestra condición sexuada hace de cada ser humano que viene a este mundo como mujer o varón. El género remite a los comportamientos sociales típicos, culturalmente mediados, que vinculan a uno o a otro sexo. Esta ideología va más allá de la distinción de mujer o varón, y pretende que cada uno sea libremente lo que quiera, por mera opción personal. Se busca la normalización social de la homosexualidad, la transexualidad, las terapias hormonales y quirúrgicas de “reasignación de sexo”, de identidades sexuales “queer”, es decir, extrañas, ajenas a las convenciones sociales que hay que superar. Las aspiraciones del antiguo feminismo a la libertad y la igualdad entre sexos donde el ser mujer o varón, niño o niña, varón o mujer, esposo o esposa, padre o madre, deja de ser un dato relevante. La sexualidad pierde su referencia corporal para convertirse en una especie de energía que lo impregna todo y que se anima a experimentar sin referencia al amor, al matrimonio o la capacidad de engendrar. Es el sexo sin amor.
Otra forma o manifestación del transhumanismo tecnológico. Las capacidades de las nuevas tecnologías (informática, genética, nanotecnología molecular, la ciencia cognitiva...) despiertan el sueño de mejorar al ser humano a través de la superación de los límites individuales y de la especie. Aquí está en juego el tema ético de lo que es posible y lo que es legítimo hacer, entre el poder y el hacer. Con esto buscan la fuente de la eterna juventud, rechazando el envejecimiento y la muerte. El avance las técnicas de trasplantes, la producción de órganos artificiales, incluso generados a partir de células del propio individuo, la posibilidad de la criogenización -recuperación de las funciones vitales de un organismo congelado- llevan a soñar en la inmortalidad o la extensión de la vida humana más allá de los límites actuales, más de cientos de años.
Otro tipo de transhumanismo que se apoya en la tecnología es el biónico: superhombres. Siempre el ser humano ha querido superar sus limitaciones naturales por medio de medicamentos o prótesis más allá de lo terapéutico. Se habla de implantes cerebrales, sofisticadas prótesis para que el ser humano adquiera nuevas capacidades físicas, sensoriales o mentales. Este sueño concibe al ser humano como una máquina biológica, olvidándonos que somos historia, que somos un ser relacional; el cuerpo pasa a ser un mero material modificable, con gran plasticidad.