Tendiendo puentes para proteger, acompañar y sanar

Tendiendo puentes para proteger, acompañar y sanar

Queridos lectores, paz y bien.

En nuestra diócesis, el día de mañana va a marcar un hito importante en nuestra pequeña pero larga historia. Desde la Comisión de Entorno Seguro iniciamos un trabajo a tres años para formar a todas las personas que trabajamos pastoralmente con menores y personas vulnerables. La dolorosa experiencia del abuso en nuestra sociedad, al que no ha sido ajenas personas pertenecientes a la Iglesia, nos ha llevado a los cristianos a discernir el modo adecuado para ir más allá de la necesaria reacción ante este escándalo, y buscar el modo de ofrecer una respuesta global desde el Evangelio a este desafío.

Mañana arranca esta primera jornada, que forma parte del programa de formación que la diócesis ha organizado para garantizar un entorno seguro en todas las actividades con menores y personas vulnerables. La Ley de Protección del Menor exige contar con esta formación para poder trabajar con estas personas. Este año ofrecemos una formación inicial general. Y los próximos cursos se ofrecerá una segunda fase, específica para cada perfil (catequistas, monitores, etc.) La sesión de mañana será la base fundamental de todo este itinerario formativo. Por esto a quienes aún no os habéis apuntado, os convoco para que lo hagáis: catequistas, monitores de grupos y movimientos.

La formación se desarrollará en dos sesiones independientes: por una parte, la sesión de la mañana para los sacerdotes, en el Centro Juvenil Diocesano, de 10.30 a 13.30h. La sesión de la tarde, para catequistas, animadores, monitores de tiempo libre, laicos que trabajen con menores, en el Centro Cultural de la Diputación Provincial de Palencia, de 17.30 a 19.45. El ponente animador será D. Jesús Rodríguez Torrente, responsable del Servicio de Coordinación y Asesoramiento para las Oficinas de Protección de Menores de la Conferencia Episcopal Española.

La tarea que abordamos no es sencilla porque pretende un cambio cultural: de la desprotección, insensibilidad y las heridas, pasar a generar una verdadera cultura de la protección, el acompañamiento y la sanación. El Evangelio es nuestra única hoja de ruta, y las actitudes de Jesús el Señor son nuestra pauta y nuestra referencia a la hora de cumplir nuestra misión en el mundo. Por ello, como Iglesia, no nos conformamos con cumplir la legalidad vigente, sino que vamos más allá. Existe una justicia restaurativa, que pone en el centro la víctima y busca la reparación al daño ocasionado, y que, desde esa experiencia, trabaja por generar modos de trabajo seguros para los más débiles.

Para los casos que hayan prescrito, por el tiempo transcurrido (hablamos principalmente de los años 50, y 60, en los que sucedieron la mayoría de los casos que han aflorado) las diócesis asumen la reparación a las víctimas en forma de acompañamiento psicológico, espiritual y compensación económica. Pero como estamos en 2026, nuestro objetivo no puede quedar ahí, es más ambicioso. Estamos convencidos de que la fe nos lleva a tener una mirada misericordiosa al prójimo, y entraña ejercer una paternidad y maternidad espirituales, para con las personas que están creciendo y buscan referencias vitales en quienes les cuidan y acompañan en su crecimiento y desarrollo psicológico y espiritual.

En una sociedad donde el individualismo y el interés lucrativo ahogan lo comunitario, la diócesis pretende ejercer su tarea preparando a todos los que voluntariamente, transcurrimos mucho tiempo en las catequesis, formaciones, actividades de tiempo libre, campamentos y peregrinaciones con los chavales. Los monitores, coordinadores, sacerdotes y catequistas precisamos conocer la legislación civil, pero también vamos a aplicar las medidas que a día de hoy la Iglesia pide para que su actividad pastoral, social, evangelizadora se desarrolle con serenidad y completa armonía.

El Papa León aboga por una paz desarmada y desarmante para nuestro mundo, y los creyentes queremos ser hombres y mujeres de paz, que plantamos cara a todo tipo de violencia y abuso, y que nos preparamos para construir un mundo nuevo, en el que vulnerabilidad no implique peligro, sino garantía de ser custodiado y acompañado en el crecimiento y desarrollo personal y social. Es una tarea coral, y nadie puede a estas alturas pensar que con la buena voluntad es suficiente.

Palencia lleva una hermosa trayectoria como sociedad de los cuidados, y tantas instituciones que se dedican al mundo de la discapacidad y a los menores tenemos que hacer esta apuesta. Necesitamos construir el mundo desde abajo, desde lo pequeño y los más pequeños. Ellos nos humanizan y marcan la senda de la justicia y del amor. Sin reticencias y convencidos, nos comprometemos con esa tarea que nos hace crecer como personas, que nos dignifica como sociedad, y que nos identifica como seguidores de Jesús.

+ Mons. Mikel Garciandía Goñi. Obispo de Palencia