Una de miradas

Una de miradas

Queridos lectores, paz y bien.

Hoy, fiesta de la Ascensión del Señor al cielo, escuchamos en el Evangelio una pregunta que hicieron los dos hombres vestidos de blanco a los apóstoles: «galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al cielo». De esta manera tan abrupta, les pedía Dios a los discípulos de su Hijo a que retomaran su vida y retornaran al cenáculo, donde debían esperar la llegada del Espíritu.

El pequeño grupo, formado por los once, María y las demás mujeres, debía continuar su camino sin la percepción física de su Maestro y Salvador. Debían mirarse unos a otros, y descubrir en sus ojos la huella dejada por el Amigo, por su Señor. Debían retejer la comunidad eligiendo al duodécimo apóstol que restañara la herida dejada por la traición de uno de ellos, y esperar a que algo sucediera el día de Pentecostés. Esa fiesta, conocida como Shavuot (“Semanas” en hebreo), es una festividad bíblica que celebra la entrega de la Torá (los Diez Mandamientos) por parte de Dios a Moisés en el Monte Sinaí. Se celebra 50 días después de la Pascua (Pésaj), marcando el final de la cuenta de siete semanas de la cosecha de trigo.

Pues bien, diez días después, un fuerte viento llenaría toda la casa y verían aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Ahora alzaban la mirada viendo cómo descendía sobre ellos el Espíritu. Este año la espera de Pentecostés viene marcada en España por la preparación del viaje apostólico del Papa León XIV. Y la invitación será justamente la de alzar la mirada de cuantos en nuestro mundo caminamos encorvados por el peso de nuestras historias, y tantas veces, porque miramos hacia abajo, a la pantallita del teléfono móvil que ocupa casi todo el día a nuestras manos, y reclama dictatorialmente nuestra atención.

El himno de la visita del Papa es hacer una llamada directa a la esperanza. “Alza la mirada” invita a los fieles a no dejarse abatir por un mundo marcado por los conflictos y las dificultades diarias, proponiendo mirar hacia arriba para encontrar un propósito y tender la mano a los demás. Esta es la letra:

[Estribillo] Alzo la mirada, mis ojos en Jesús. Alzo la mirada clavada en la cruz. Cuando miro al cielo todo es nuevo con su luz. Alzo la mirada…

[Estrofa 1] No estoy hecho para mirar al suelo. Al mirarte sé por qué nací. Me creaste para mirar al cielo. Estoy inquieto hasta que no descanse en ti.

[Estrofa 2] El Señor es mi fuerza y mi esperanza. No vacilaré (Alzo la mirada) Él es la roca de la salvación. En Él confío y no tiemblo. En Él confío y no tiemblo.

[Puente] Por los que buscan la paz y la libertad. Para que encuentren en tus ojos dónde descansar. Por los que cruzan el mar buscando un hogar. Para que vean más allá de la tempestad.

Esos días tendremos ocasión para alzar la mirada y ver al Señor Sacramentado en la procesión del Corpus, en la torre de la Sagrada Familia, y en los que llegan a nosotros cruzando los mares y buscando una vida mejor. Encontraremos a Jesús en el hermano que tenemos enfrente, si en lugar de bajar la mirada evadiéndonos de su interpelación, aceptamos ser visitados por quien está a la puerta y llama.

Viene Pedro, como peregrino de esperanza, y cumpliendo el encargo del Maestro de atar y desatar, nos regalará palabras de vida que no nos sacarán de ella, sino que nos unirán con Dios y entre nosotros. Nos pedirá que, en lugar de vivir hiperconectados, vivamos vinculados. Nos animará a que caminemos con los ojos puestos a la altura de los ojos de los demás para tejer comunidad y crecer en humanidad. Palencia permite caminar así, con pausa y como invitando a quien está solo o herido, a acercarse a nuestra orilla. Un Papa que cambia hostilidad por hospitalidad, que quiere disipar los bloques y los muros, y que ofrece la Paz del Resucitado a todos, viene a nosotros.

Una buena preparación a la espera del día 6 de junio sería revisar nuestras miradas, rebajar la frialdad y la distancia, y dejar aflorar la ternura y la misericordia a nuestros ojos. Muchos lo agradecerán, especialmente los pequeños, los heridos, los que viven al margen. Si alzamos la mirada, que sea para pedir fuerza y luz, y si la bajamos, que sea para encontrarnos con quien desde el suelo reclama a nuestra conciencia que está ahí, que nos espera desde siempre, y que un día quiere acompañarnos al cielo. Buen domingo.

+ Mons. Mikel Garciandía Goñi. Obispo de Palencia