
También tú puedes ser feliz
Queridos lectores, paz y bien.
Este año la festividad de Todos los Santos coincide con domingo. Y como todos los años, se dará en nuestros pueblos una curiosa y hermosa mezcla de sentimientos y vivencias, porque, aunque el día de los Fieles Difuntos sea mañana, visitaremos los cementerios para honrar y rezar por nuestros muertos. Cuantos celebremos la Eucaristía, nos encontraremos con el Evangelio de hoy, que nos regala las ocho bienaventuranzas de Jesús. Él habla de personas que “ya” son felices, incluso aunque no tengan conciencia de ello, o, aunque muchos las puedan considerar desgraciadas. Quienes viven esas ocho condiciones son ya santos, anticipando el gozo de su triunfo futuro.
El domingo pasado tuve el honor de presidir la Eucaristía en la Villa San José, que celebra sus 50 años. La congregación de los guanelianos ha traído la frescura y potencia del Evangelio que es capaz de transformar, dignificar y llenar de alegría el corazón de los más pequeños, de los heridos en su cuerpo y en su mente. Los Siervos de la Caridad son justamente eso, profetas del amor que San Luis Guanella regaló a los más pobres.
Pues bien, ese día se proclamó el Evangelio del juicio final tal y como lo narra san Mateo. Y varias personas de la Villa mostraron unas hojas con cada una de los hermanos que Jesús nos dice que nos llevan al cielo: hambrientos, sedientos, desnudos, enfermos, prisioneros... Por un lado, de la hoja, la persona atendida era una persona anónima, y por la otra era el mismo Jesús. «Cada vez que lo hicisteis a uno de estos mis pequeños, a mí me lo hicisteis» es el mensaje del Señor. Y hoy el Evangelio completa ese elenco: pobres en el espíritu, limpios de corazón, luchadores de la justicia, amantes de la paz, misericordiosos...
La entraña del mensaje de Jesús es justamente llamarnos por nuestra condición humana de bienaventurados, felices. Hoy, fiesta de todos los santos es la fiesta de aquellos amigos, familiares que llevaron la vestidura blanca, que vistieron el traje bautismal de fiesta en toda circunstancia. Jesús les llama dichosos a ellos que le siguieron, amaron y que sirvieron hasta el final. Y a nosotros nos muestra el camino de la felicidad. Tú puedes ser santo/feliz con tal que aciertes con el camino, que es el mismo Señor.
El Papa Francisco, en el año 2018, dedicó una exhortación apostólica sobre la llamada a la santidad en el mundo actual. Y la llamó Gaudete et exsultate (Alegraos y regocijaos). Y como siempre, ofrecía unas valiosas pistas para alcanzar la santidad/felicidad: «Estas notas que quiero destacar no son todas las que pueden conformar un modelo de santidad, pero son cinco grandes manifestaciones del amor a Dios y al prójimo que considero de particular importancia, debido a algunos riesgos y límites de la cultura de hoy. En ella se manifiestan: la ansiedad nerviosa y violenta que nos dispersa y nos debilita; la negatividad y la tristeza; la acedia cómoda, consumista y egoísta; el individualismo, y tantas formas de falsa espiritualidad sin encuentro con Dios que reinan en el mercado religioso actual».
Resumo sus sugerencias que pueden ayudarnos a seguir o a retomar el camino de la felicidad. (Merece que las leas yendo al portal vatican.va y clickando Gaudete et exsultate): aguante, paciencia y mansedumbre; alegría y sentido del humor; audacia y fervor; en comunidad; y, en oración constante.
El Papa Francisco no ofrece con estas pistas terapias de autoayuda o buenismo. Solo pide con humildad que nos fiemos del Padre Dios que nos regaló cuanto tenía: su Hijo y su Espíritu. Terminaba así su exhortación: «Cuando escrutamos ante Dios los caminos de la vida, no hay espacios que queden excluidos. En todos los aspectos de la existencia podemos seguir creciendo y entregarle algo más a Dios, aun en aquellos donde experimentamos las dificultades más fuertes. Pero hace falta pedirle al Espíritu Santo que nos libere y que expulse ese miedo que nos lleva a vedarle su entrada en algunos aspectos de la propia vida. El que lo pide todo también lo da todo, y no quiere entrar en nosotros para mutilar o debilitar sino para plenificar».
Hoy honramos a nuestros mejores hermanos, los santos, los que asumieron el desprecio por vivir la Vida Nueva y Buena de Jesús: «bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo». No existe la felicidad low cost, de bajo coste, o sin pena ni gloria. Vale la pena amar, servir y así testimoniar que Dios nos ha creado para la felicidad. El cielo empieza hoy para quien acepta el regalo de confiar y soñar.
+ Mons. Mikel Garciandía Goñi
Obispo de Palencia
