+ Manuel Herrero Fernández, OSA. Obispo de Palencia
¡Feliz Navidad, hermanos palentinos todos! ¡Feliz Navidad para ti que estas enfermo y sientes la debilidad y limitación humana; para ti, persona mayor, cargada de experiencias, sabiduría y años; para ti, niño o niña que disfrutas de vacaciones y regalos de papa Noel y los Reyes; para ti, joven, que buscas y quieres comerte el mundo; para ti, seas quien seas, que trabajas, luchas, esperas ser mejor y por un mundo mejor!
Os invito a todos a vivir este lema que encabeza esta felicitación y que es el lema del trabajo pastoral de este año en la Diócesis. Nos invita a ver las relaciones personales y colectivas desde la lógica del don, como un regalo; es verdad que en la sociedad estamos acostumbrados a la lógica del mercado: te doy para que me des, mes das porque te doy. Pero esta lógica no llena el corazón. Párate y verás que lo importante en la vida, lo más fundamental e importante, no se compra ni se vende, sino que es don, regalo: la vida misma, la libertad, el cariño, la familia, el esposo para la esposa, la esposa para el esposo, los hijos para los padres, los padres para los hijos, los hermanos, los abuelos, los amigos, la patria, la cultura.
¿Por qué esta realidad? Porque Dios es así, y así nos lo proclama con fuerza la navidad: Dios no solo ha creado todas las cosas, también a cada uno de nosotros, por amor, un amor gratuito, inmerecido, misericordioso y compasivo, sino que lo ha manifestado definitivamente y para siempre en Jesucristo, su Hijo. Es el gran regalo de Dios para los hombres, es Dios mismos que se hace regalo, regalo “humano, tangible, fraterno”, como dice un himno de la Iglesia. Dice la Escritura: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3, 16); «Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, ... para que todo recibiéramos la adopción filial. Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo, y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios» (Gal 4, 47). La Iglesia no se cansa de repetir en estos días «un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado» (Is 9, 5). Es Jesús, «que siendo de condición divina no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres» (Fil 2, 6-7).
Párate, contempla el acontecimiento, admírate, asómbrate, abre los ojos del alma y del corazón, pequeño, humilde, callado, indefenso, pobre, niño. y ACÓGELO. Acógelo como su Madre, María, como José, como los pastores, los ángeles, los magos, Simeón y Ana, como la estrella, como el pesebre, como el buey y la mula de los nacimientos. No como Herodes o los sacerdotes del templo. Es Dios mismo que está contigo, que se hace hermano, sencillo, humilde, amigo, compañero de viaje por amor. Como los niños el día de Reyes abren con sus manos los regalos, acoge así a Jesús, no temas. Acógelo en el otro, en el que tienes al lado o se cruza en tu camino, porque él, al nacer, se identificó en cierta manera con todos, especialmente los pobres, los descartados y excluidos, los que sufren, los que se alegran, los que viven y con las víctimas, con todos. Vivir el regalo: disfruta con Jesús, juega y goza con Jesús, déjale entrar en tu vida, acompañarte, alegrarte, perdonarte, y hacerte el bien y liberarte de los males; no temas: «no te quita nada; te lo da todo» (Benedicto XVI), se da todo.
Pero en Navidad, y para el cristiano siempre es Navidad, siempre es Cuaresma y pascua y Pentecostés, se tú un regalo para Dios y para los demás, cercanos y lejanos. Un regalo para Dios no dándole la espalda, volviendo a Él, dejándote amar y encontrar por Él para alegrarle (Lc 15). Haz de tu vida un regalo para los demás, gratuito, sin pasar factura, un regalo no solo de lo que tú tienes, compartiendo bienes, cualidades, valores, tiempo, sino de ti mismo, de tu amor, de lo que tú eres. No te quedes solo en poner y contemplar los belenes, en comer y cenar con la familia; sé un belén, -Belén significa casa del pan-, se pan, partido y tierno para los otros. Si así lo hacemos o lo intentamos todos, tú y yo, será feliz la Navidad.