Invitación a vivir las vacaciones sencillamente

+ Manuel Herrero Fernández, OSA. Obispo de Palencia

Ya estamos en verano; los niños ya tienen las notas; los jóvenes ya han hecho el examen de acceso a la Universidad; los titulados ya han opositado y están esperando notas y destino. Algunos ya han preparado las maletas y se han marchado a la costa, a las montañas o al extranjero. Es necesario que todos tengamos unas vacaciones, porque no vivimos para trabajar, sino trabajamos para vivir. También nos acordamos de los que no tiene vacaciones, porque en verano trabajan en las tareas de la recolección en el campo, o con la ganadería o en la hostelería, etc.

Yo deseo invitaros a vivir las vacaciones de tal manera que sean un descanso, un descanso del cuerpo, de la mente, de las preocupaciones. Un poema de José María Pemán (1897-1981) nos invita a vivir sencillamente. Lo he leído hace poco en una carta pastoral de un Obispo español y agustino que está en Argentina, y me ha encantado. Me recuerda a Horacio en su Beatus Ille, y a Fr. Luis de León y su oda: ¡Qué descansada vida/ la del que huye del mundanal ruido...! Dice Pemán en su Elogio de la vida sencilla: “¡Vida inquieta, frenesí/ de la ambición desmedida.../ ¡Qué mal comprende la vida/ el que la comprende así! La vida es soplo de hielo/ que va marchitando flores;/ no la riegues con sudores,/ ni la labres con desvelo;/ la vida no lo merece:/ que esa ambición desmedida/ es planta que no florece/ en los huertos de la vida/... Vida serena y sencilla,/ yo quiero abrazarme a ti,/ que eres la sola semilla/ que nos da flores aquí./ Conciencia tranquila y sana/ es el tesoro que quiero; nada pido y nada espero/ para el día de mañana./ Y así, si me da ese día/ algo, aunque poco quizás,/ siempre me parece más/ de lo que yo le pedía./ Ni voy de la gloria en pos,/ ni torpe ambición me afana,/ y al nacer cada mañana/ tan sólo le pido a Dios/ casa limpia en que albergar, pan tierno para comer, un libro para leer, y un Cristo para rezar.”

El poema es más largo y os invito a leerlo entero buscándole en internet. Es un elogio de la vida sencilla siempre, en el campo, en la ciudad, en invierno y en verano, en medio del ruido y del silencio. Permitidme unas glosas provocativas: «Al nacer cada mañana». ¿Agradezco a Dios cada mañana el regalo de su amor y la vida, reconozco el valor de la familia, las cualidades de mis vecinos, la fidelidad de los amigos, la sabiduría de los ancianos, la inocencia de los niños, el inconformismo de los jóvenes, el servicio del panadero, del tendero, del camarero o del transportista y de los servidores públicos? ¿Tengo la casa limpia, es decir, mi conciencia, o soy envidioso, mezquino, soberbio, rencoroso, presuntuoso, egoísta empedernido?

«Tan solo le pido a Dios». Nuestra vida está en sus manos de Padre con entrañas maternas. Necesitamos su ayuda, su Espíritu para poder vivir en paz, en concordia, en comunión con uno mismo, con los demás, con el resto de la creación y con el mismo Dios.

«Pan tierno para comer». ¿Lo habrá para todos? ¿Seremos capaces de ser solidarios con los que sufren, con los que no tienen pan, ni hogar, ni vacaciones? ¿Valoramos lo que hacen los organismos públicos en favor de los necesitados y las instituciones privadas como Cáritas o Manos Unidas y aportamos algo y anteponemos los intereses sociales o de la comunidad a los privados?

«Un libro para leer». Muchos hacen deporte, nadan, suben montañas, hacen barranquismo, o ciclismo, y está bien, pero ¿cultivamos el espíritu? ¿O somos consumidores nunca saciados de televisión, de internet, de las revistas? ¿Por qué no leer un libro, o más, y especialmente el Evangelio de cada día, entrando en lo que dice el texto, en lo que Dios nos dice en el texto y respondiendo nosotros a Dios? ¿Sabemos leer los acontecimientos de la vida y reflexionar, las situaciones más diversas por las que pasamos las personas? ¿Sabemos alegrarnos con las gentes de los pueblos en sus fiestas, compartir sus gozos, preocupaciones y dolernos de sus dolores?

«Y un Cristo para rezar». ¿Por qué no conocer más a Cristo, amarle, seguirle, rezarle? Y no solo cada uno, sino en la familia, comentando con los amigos la manera que tiene Jesús de afrontar la vida. ¿Por qué no hacerlo también con los cristianos de las comunidades cristianas de los pueblos o ciudades donde pasamos unos días de vacaciones? Honra y reza a Cristo, pero hónrale también en los miembros de su Cuerpo, los desnudos, los pobres, los drogadictos, en los que están solos, en los enfermos y ancianos... No le desprecies.

El poema termina así: «He resuelto no correr/ tras un bien que no calma;/ llevo un tesoro en el alma/ que no lo quiero perder;/ y lo guardo porque espero,/ que he morir confiado/ en que se lo llevo entero/, al Señor que me ha dado».

Que tengáis unas felices vacaciones. Que colaboremos a hacer felices las vacaciones de los visitan nuestros pueblos o ciudades porque vuelven al pueblo, a sus raíces o desean cambiar de aires y conocer nuestra hermosa y bella tierra palentina y sus buenas gentes.

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