Homilía de nuestro obispo en la Vigilia Pascual 2026

Compartimos las palabras de nuestro obispo D. Mikel en el Lucernario de la Vigilia Pascual, que se desarrolló en la Plaza de la Inmaculada y la Homilía en la Vigilia, celebrada en el interior de la Catedral de Palencia.

 

 

Lucernario

 

Esta noche no es como las demás noches, porque hoy Dios cumple su promesa y nos devuelve a si Hijo Jesús resucitado. Esta oscuridad tiene un final, y mañana comienza el día que no tiene fin. Por eso, para cientos de miles de personas en todo el mundo, hoy es su entrada en el cielo, en el Reino de Jesús a través de su Iglesia. Casi 22.000 hermanos en Francia, más de 14.000 amigos en España, 8.000 en los Ángeles, recibirán el bautismo con el que estrenarán su condición de hijos e hijas de Dios.

Algunos volveréis acompañando a María al cenáculo, y otros nos apresuraremos al sepulcro para escuchar a María la Magdalena y a la otra María lo que el ángel les ha dicho. Y con ellas, veremos y escucharemos a Jesús, que vuelve y se quedará con nosotros para siempre. La luz, la palabra, el agua y el pan serán su signo que nos hará nuevos, y nos convertirán en misioneros de la alegría de Dios para todos.

 

 

El amor vence a la muerte

 

El Jueves Santo, veíamos cómo el Amor acude puntual a la cita. Jesús amó a sus amigos hasta el extremo y se lo hizo saber lavándoles los pies y dándoles su carne como alimento. El Viernes Santo, nos mostró cómo el amor se consuma, llega hasta el final, se entrega del todo, no rehúye el castigo, las injurias y la muerte. Y hoy podemos entender el por qué y el para qué de este actuar de Jesús. A Pedro le había dicho: “Tú no puedes entender esto ahora, lo entenderás más tarde”. En la maravillosa serie de televisión “los elegidos”, “the chosen”, Jesús a menudo contesta a sus preguntas con un lacónico: pronto. Esto sucederá pronto. Ese pronto es ahora. En la Misa Crismal del martes, oíamos a Jesús decir: “hoy se cumple esta palabra que acabáis de escuchar”.

Y en este Sábado Santo, Jesús ha bajado al Sheol, al lugar de los muertos y le ha dicho a Adán: “dormí en la cruz y la lanza atravesó mi costado por ti, que en el paraíso dormiste y de tu costado, diste origen a Eva. Mi costado ha curado el dolor del costado. Mi sueño te saca del sueño del abismo. Mi lanza eliminó aquella espada que te amenazaba en el paraíso. Levántate, salgamos de aquí. El enemigo te sacó del paraíso; yo te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celeste”. Tras bajar al abismo, ahora Jesús viene a nuestro mundo.

Porque en esta noche santa, 1993 años después, volvemos a hacer el memorial de aquella primera noche. Dios ha actuado. Dios ha hablado, de una vez por todas. El Papa León XIV nos hablaba el jueves de este cambio que supone entrar en la órbita y en la lógica de Dios: “Al igual que Pedro, que al principio se resiste a la iniciativa de Jesús, también nosotros debemos «aprender continuamente que la grandeza de Dios es diversa de nuestra idea de grandeza; […] porque sistemáticamente deseamos un Dios de éxito y no de pasión» (20 marzo 2008). Estas palabras del Papa Benedicto XVI reconocen con lucidez que siempre estamos tentados a buscar un Dios que “nos sirva”, que nos haga ganar, que sea útil como el dinero y el poder. En cambio, no comprendemos que Dios, en efecto, nos sirve, sí, pero con el gesto gratuito y humilde de lavar los pies: he aquí la omnipotencia de Dios. Así se cumple la voluntad de dedicar la vida a quien, sin este don, no puede existir. El Señor se arrodilla para lavar al hombre, por amor a él. Y el don divino nos transforma.

Con su gesto Jesús no sólo purifica de las idolatrías y blasfemias que han mancillado la imagen que nos hemos hecho de Dios, sino que purifica también nuestra imagen del hombre, que se percibe poderoso cuando domina, que quiere vencer matando a quien es igual a él, que se considera grande cuando es temido. Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, nos da, en cambio, un ejemplo de entrega, de servicio y de amor. Necesitamos su ejemplo para aprender a amar, no porque seamos incapaces de ello, sino precisamente para educarnos a nosotros mismos y a los demás en el verdadero amor. Aprender a actuar como Jesús, Signo que Dios imprime en la historia del mundo, es la tarea de toda una vida.

Él es el criterio auténtico, el «Maestro y Señor» (Jn 13,13) que despoja de todas sus máscaras tanto a lo divino como a lo humano. No ofrece su ejemplo cuando todos están felices y lo aprecian, sino en la noche en que fue traicionado, en la oscuridad de la incomprensión y la violencia, para que quede bien claro que el Señor no nos ama porque seamos buenos y puros; nos ama, y por eso nos perdona y nos purifica. El Señor no nos ama si nos dejamos lavar por su misericordia; nos ama, y por eso nos lava, para que podamos corresponder a su amor”. Hasta aquí, la voz del Papa. Hoy podemos ir un poco más allá.

El Señor nos ama, y por eso ha resucitado. Nos ama, y por eso, ha encendido una luz en medio de la noche. Nos ama, y por eso ha hablado a través de la Biblia desde hace 4.000 años, nos ama y por eso abre la fuente bautismal para miles y miles de catecúmenos por todo el mundo. Nos ama, y vuelve al centro de la comunidad a través del testimonio de las mujeres, a quienes dice: “alegraos”. Querida comunidad, tenemos la enorme fortuna de estar aquí en la noche, con aquellas primeras mujeres que se atrevieron a asomarse al sepulcro y adelantarnos la noticia, la única verdadera noticia: ¡Cristo ha resucitado!

+ Mons. Mikel Garciandía Goñi, obispo de Palencia