II Domingo de Cuaresma: Tiempo oportuno… para apostar por el reino

En este Segundo Domingo se nos llama a aprovechar este TIEMPO OPORTUNO… para APOSTAR POR EL REINO.

 

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Miramos lo que está pasando

 

En medio de esta sociedad tan alejada del Plan de Dios, van surgiendo muchos gestos y realizaciones utópicas, iniciativas y proyectos solidarios, de personas, de colectivos, organizaciones e instituciones, que son auténticos anticipos del hombre nuevo y de la nueva sociedad de la fraternidad.

La ONU concretó su Agenda 2030 en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), para abordar los principales problemas globales de la sociedad actual.

El Papa Francisco ha dirigido al mundo entero sus Encíclicas “Laudato Si” y “Fratelli Tutti”, como una invitación a la ecología integral y a la fraternidad y a la amistad social.

La familia de Esther, Fernando y María aumentó de golpe, intensificándose durante las semanas previas al confinamiento. Mientras todo el mundo atrancaba puertas ellos abrieron la intimidad de su casa, conmovidos por la situación de desamparo de otra familia trabajadora, tres refugiados salvadoreños, atrapados entre el desarraigo, la burocracia y el sálvese quien pueda decretado por la COVID.

En Amayuelas de Abajo la solidaridad de un grupo de personas está haciendo posible el desarrollo del proyecto “Volviendo al Campo”, para la formación de jóvenes inmigrantes, de cara a su integración en la vida y el trabajo en el mundo rural.

 

Acogemos la Palabra

 

Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, subió aparte con ellos solos a un monte alto, y se transfiguró delante de ellos.[…] Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». […] Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube: «Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo». […] Cuando bajaban del monte, les ordenó que no contasen a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. […]

Marcos 9,2-10

 

Tras la confesión de Pedro en Cesarea («Tú eres el Mesías»), Jesús comenzó a explicar a los discípulos el destino doloroso que le aguardaba en Jerusalén. Esto provocó una profunda desolación en sus seguidores: “Eso no puede ser, no lo permitiremos”.

Con esta sensación, Jesús y tres discípulos suben al monte y allí se transfigura ante ellos; la Ley y los Profetas como testigos. Pedro, Santiago y Juan asistieron a esta manifestación de la gloria que aguardaba a Jesús tras la resurrección.

En el monte contemplamos un anticipo de la novedad inaugurada por Jesús: la utopía del Reino, la humanidad nueva, la fraternidad universal. Necesitamos hacernos conscientes de que el Reino, regalado por Dios, se va abriendo paso en medio de este mundo tantas veces dolorido. Necesitamos tocar utopía, experimentar que la trasfiguración reafirma nuestras convicciones, refuerza nuestra esperanza y recarga nuestro entusiasmo para seguir los pasos de Jesús.

Por eso, bajar del monte tras contemplar a Jesús transfigurado nos ofrece la oportunidad de seguir colaborando a que este mundo nuevo se vaya haciendo realidad. Contemplar a Jesús transfigurado reactiva nuestro deseo de ser discípulos que aprenden a ser testigos del reino sabiendo que vamos acompañados de la cruz. Tiempo de apostar con entusiasmo por el Reino.

 

Piensa y actúa

 

Baja ya de tu monte de la Transfiguración, y vuelve ahora al camino de la vida con el gozo de este encuentro con Jesús en nuestra historia.

• ¿Qué experiencias tienes de transfiguración, de cambio, en tu vida acompañado por Jesús?

• ¿Qué signos percibes en la sociedad que manifiesten los cambios que se producen en ella cuando es acompañada por el Espíritu de Jesús?

• ¿Qué puedes hacer tú para contribuir a mejorar nuestro mundo?

 

Oramos juntos

 

Nos invitas, Señor, como Jesús, a subir a la montaña
donde, en el silencio, quieres que te encontremos
y, llenos de tu luz, nos convirtamos
en lámparas encendidas en medio de la noche.

Subir para bajar, en doble movimiento
que va desde la incertidumbre del desierto, con Jesús,
hasta el oasis de tu amor, oculto en nuestro anonimato.

Haremos el camino, Señor, esta Cuaresma,
huyendo de las prisas, del ruido y de la falta de conciencia
para escuchar tu voz: “Jesús es el camino”.

Y volveremos a la calle, cogidos de su mano,
sabiendo que tu amor sigue presente en nuestro mundo
y queriendo ser testigos de su vida en medio de las sombras.

Para ver y escuchar

 

• Injusticia social, F. Fuentes

• Trabajo corporativo

 

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