En estos días algunos ya estarán disfrutando de las vacaciones y otros estarán ya ultimando los planes para descansar el próximo mes de agosto. Deseamos descansar y a veces hemos vuelto más cansados de las vacaciones. Nos ilusiona el descanso de las vacaciones, pero no siempre conseguimos que sea un tiempo liberador y renovador de nuestra energía y vida. Es posible que hoy la palabra de Dios que la iglesia nos propone nos ayude a descansar.
Entusiasmados
Con este adjetivo podemos definir el estado de ánimo de los discípulos que Jesús envío a predicar y anunciar el mensaje de la salvación. Fueron exitosos en su trabajo y volvieron repletos de felicidad hasta el punto de que querían compartir la experiencia con el Maestro. Emocionados por la experiencia quieren compartirla y confrontarla con Jesús. Esperaban su visto bueno y así mostrarían su obediencia y amor hacia él. Pero la situación se complica porque la gente se arremolina en torno a ellos y no tienen espacio ni tiempo para hablar. Tendrían que haber seguido predicando, pero Jesús también quiere escucharlos y poder seguir enseñándoles a ser buenos discípulos o apóstoles como les llama san Marcos. Fruto de esa alegría es que le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.
Venid a descansar
Aquella invitación de Jesús a sus discípulos de ir con Él a descansar debiera ser escuchada con más frecuencia por todos nosotros. Jesús propone que la misión requiere un tiempo de reposo, de sosiego, de diálogo con el Señor, en definitiva, de descanso. Hoy sometidos a un activismo voraz que nos come todo nuestro tiempo y nuestras energías apenas encontramos tiempo de reposo. Especialmente llenamos de actividad nuestra vida y cada vez nos suenan más extrañas estas palabras de Jesús de ir con él a descansar. Pero haríamos bien en detenernos y concedernos tiempo para el Señor y con el Señor. Cada semana, cada domingo el Señor nos reitera la invitación a estar con él en un sitio tranquilo y con tiempo para el silencio y el diálogo. Tantas veces, llevados por nuestro activismo, lo declinamos por irnos de viaje, por hacer deporte, por seguir llenando nuestra vida de actividad. Escuchar a Dios, dialogar con él de nuestras cosas y dedicarle un poco de nuestro tiempo debe seguir siendo una propuesta irrechazable que Dios nos hace. Sin ese tiempo puede que no acertemos en nuestra tarea de anunciar su mensaje con fidelidad y nos siga faltando tiempo para comer el pan celestial.
Junto a Jesús
La misión tiene siempre a Jesús como referencia de modo que el encuentro con Jesús, su escucha y el diálogo con él forman parte del estilo de vivir. La tarea confiada necesita de ser valorada en el encuentro gratificador con quien la ha propuesto. Por ello el descanso que les propone no supone el abandono de la misión sino fortalecerla con el encuentro con Él. Eso será lo que les descansará, lo que repondrá sus fuerzas y les prepare de nuevo a la tarea. La propuesta de Jesús de invitarnos a un lugar solitario y descansar de nuestro activismo podemos hacerlo realidad de una forma muy sencilla. Todos nosotros podemos revivir esa misma experiencia que Jesús nos propone. Cerca de nosotros tenemos una iglesia, un lugar, tantas veces desierto y solitario, donde en silencio podemos revivir la invitación de Jesús de hablar con Él y contarle nuestra vida. Esa experiencia nos hará disfrutar de la compañía de Jesús y será descanso para nuestra vida. La experiencia de estar junto a Jesús sigue siendo necesaria para quienes en esta sociedad nos arrastra el activismo y nos quedamos sin tiempos de diálogo, de encuentro, de silencio, en definitiva, sin tiempo para Dios.
José María de Valles. Delegado diocesano de Liturgia