Palabra y Vida - Amar. A Dios y al prójimo

Palabra y Vida - Amar. A Dios y al prójimo

Dos preguntas y una respuesta. Así podemos resumir el contenido del evangelio de este domingo XV del tiempo ordinario. Dos preguntas que le hacen a Jesús y una respuesta del Señor a las dos preguntas.

 

¿Qué tengo que hacer para alcanzar la vida eterna?

Supongo que alguna vez también nosotros nos hemos hecho esta misma pregunta. Pero, ¿recuerdas si se la hiciste al Señor o te la hiciste a ti mismo? No sigue estando entre lo que más nos preocupe hoy en día alcanzar la vida eterna. Nuestros intereses se centran en conseguir una buena vida terrena y, para ello sí que nos hacemos muchas preguntas. Será bueno que hoy nos replanteemos la pregunta, pero no tanto para responderla nosotros, que eso es fácil, sino para que la respuesta nos la dé el Señor. Radica aquí lo importante del evangelio de. Aquel personaje del evangelio también se había hecho la pregunta y había intentado responderla él, pero no se conformaba con su respuesta, sino que esperaba que fuera Jesús, el Maestro, quien corroborara su respuesta. De hecho, su comportamiento religioso respondía a ese deseo de alcanzar la vida eterna. Conocía desde pequeño la ley y la cumplía para conseguir la vida eterna. Pero no es suficiente nuestra respuesta, sino la que vale es la del Señor. ¿Cuándo has preguntado a Dios que debes hacer para conseguir la salvación? Solamente así descubrimos la auténtica respuesta. Se trata de buscar la respuesta en los labios de Jesús. La respuesta de Jesús es clara, precisa y contundente: ama a Dios y al prójimo como a ti mismo. Así de sencilla. Una respuesta que marca con claridad el camino a seguir. No hay que darle muchas vueltas, simplemente ponerse a ello y practicarlo. Amar a Dios y a los demás nos llevará a conseguir el cielo, nos responde el Señor.

 

¿Quién es mi prójimo?

La respuesta de Jesús no satisfizo plenamente al personaje. En una parte, la de amar a Dios le parecía correcto y así había intentado hacerlo durante su vida. Le causaba dudas lo de amar al prójimo. No entraba en su pensamiento que amar al prójimo o al próximo a nosotros fuera esencial para salvarse. Por ello la segunda pregunta busca una aclaración de quién es el prójimo. Y tal vez como aquel personaje también debemos de hacerle hoy al Señor la misa pregunta de quién es mi prójimo. No quien nos dice la gente quién es el prójimo sino el propio Jesús. Y de nuevo debemos de releer con mucha atención el relato del evangelio de hoy que llamamos el “buen samaritano”. En la respuesta de Jesús descubrimos que el prójimo no tiene que ver con las distancias, los metros que estemos cerca o lejos de él, si pertenece al grupo con los que nos relacionamos o de los desconocidos. Jesús nos abre a una nueva categoría para saber quién es mi prójimo. El hombre herido, el hermano necesitado, el que sufre, el que ha sido abandonado, el que está caído al borde del camino, ese es el prójimo. Las otras categorías encubren y disfrazan el concepto de prójimo y responden a nuestros intereses y no a lo que el Señor nos dice.

 

Haz tú lo mismo

La respuesta de Jesús refiere un comportamiento vital de un hombre que ayuda desinteresadamente a quien está herido al borde del camino. Un gesto de servicio, de ayuda que muestra un corazón que ama.  Ese gesto revela lo que realmente Dios espera de nosotros, no buenas palabras e intenciones sino acciones solidarias. Jesús invita al maestro de la ley de no quedarse en lo meramente doctrinal sino acompañarlo de buenas acciones. Como aquel maestro de la ley tantas veces nos quedamos en la doctrina y nos quedamos cortos a la hora de actuar. Sabemos qué hay que hacer, pero tenemos pretextos y escusas para dar un rodeo y pasar de largo. Por ello, Jesús después de haberle narrado aquella historia le compromete a hacer lo mismo. No se trata de saber y hablar, sino de hacer y actuar. Así mostraremos que amamos a Dios y al prójimo y alcanzaremos la vida eterna.

 

José María de Valles. Delegado diocesano de Liturgia