Palabra y Vida - Volver agradecidos a Dios

Palabra y Vida - Volver agradecidos a Dios

Nos hemos quejado de que no nos hayan agradecido un favor hecho o un servicio. Nos hemos sentido dolidos después de haber echado una mano y no nos hayan reconocido y valorado la dedicación, el servicio y el esfuerzo. A ser agradecidos nos invita la liturgia de este domingo.

 

Agradecidos

La estadística del texto evangélico nos dice que somos muy poco agradecidos. Nos cuesta dar las gracias. Estamos más cerca de la exigencia que del agradecimiento. Pedimos con insistencia para obtener lo que necesitamos, pero, una vez logrado, olvidamos fácilmente agradecer el favor recibido. Es posible considerar que dar las gracias resulta pasado de moda cuando no responde a un gesto de educación o elegancia para quedar bien. El auténtico sentido de ser agradecidos debe ir mucho más allá de ser educados, elegantes o quedar bien.

¿Qué encierra el valor evangélico del agradecimiento? ¿Qué ganamos con dar las gracias? No parece que mucho porque el noventa por ciento nunca se muestra agradecido. En el evangelio que hoy proclamamos, solo uno de los nueve leprosos curados por Jesús vuelve a dar gracias por la salud recobrada.

Agradecer no es fácil, partamos de aquí. Supone en primer lugar reconocer nuestra carencia y necesidad de acudir a alguien que nos ayude. Los leprosos piden ayuda. Necesitan de Jesús para encontrar la salud. Pero una vez sanados olvidan a quien les curó. Si nos creemos autosuficientes, si nunca necesitamos de los demás ni de Dios, la virtud o el valor del agradecimiento difícilmente estará en nuestro corazón. Un primer compromiso de nuestra eucaristía dominical nos lleva a pedir el don del agradecimiento. No debemos vivir sin agradecer la vida, la fe, el cariño, la compañía, la salud, la naturaleza y los bienes que disfruto y que Dios me ha dado y tantas veces pido.

 

Confianza

Una segunda actitud que necesitamos para ser agradecidos tiene que ver con la confianza. Aquellos diez leprosos confían en la palabra que les ha dicho Jesús de cómo obtener la curación y sin vacilar se fían de lo que les proponen. Esa confianza en la palabra de Jesús hará que encuentren la salud. Aceptar la propuesta hecha cambiará sus vidas. De no haber confiado no habrían encontrado su sanación. Solemos ser desconfiados y exigimos garantías, evidencias y pruebas que nos den seguridad para que no nos engañen. Si nos cuesta confiar en los hombres, cada vez nos cuesta más confiar en Dios y creer que pueda ser nuestra solución. Nos cuesta creer que la palabra de Jesús pueda seguir devolviéndonos la salud del alma y del cuerpo. Recuperar la confianza en Dios también se me pide hoy.

 

Volver a Dios

Un proverbio chino dice que “cuando bebas agua, no olvides la fuente”. De los diez leprosos solo uno, el samaritano recordó la fuente de donde había salido el agua de su salvación. Uno sólo descubre que la nueva vida, que ahora tiene, le ha venido de Dios. Y vuelve a postrarse de rodillas y dar gracias para alabar a Dios por el don recibido. Hoy sigue siendo para nosotros ejemplo de volver siempre a dar gracias a Dios porque de Él recibimos todo los que somos y tenemos. Volver a Dios cada domingo en la Eucaristía que significa acción de gracias porque en el Señor seguimos encontrando la salud y la salvación.

 

María, Pilar de nuestra vida cristiana

En este día recordamos a nuestra madre la Virgen a quien hoy invocamos bajo el nombre del Pilar y pedimos que sea ella donde asentemos nuestra fe para que llenos de confianza volvamos siempre a Dios a agradecer los dones que nos da. Ante el cansancio de ser evangelizadores, de vivir la fe, María nos alienta y anima para no desfallecer, para seguir adelante sin desanimarnos porque los resultados no sean a nuestros ojos satisfactorios. En ella también seguimos viendo la madre a quien dar las gracias por ser sus hijos e igualmente nos dice que no dejemos de dar gracias a Dios.

 

José María de Valles - Delegado diocesano de Liturgia