Para las celebraciones del Adviento de este año hemos tomado como hilo conductor este eslogan “Un puente sobre las aguas turbulentas”. Está sacado del título de una canción de Paul Simon & Art Garfunkel allá por los años 60. La intención es dar continuidad y desarrollo a la propuesta de la programación diocesana “Creando puentes”.
La historia de la canción también puede ayudarnos en el recorrido de este adviento:
Primavera de 1969: Bobby Kennedy y Martin Luther King habían muerto, asesinados. La tensión racial aumentaba en Estados Unidos. La guerra de Vietnam. Paul Simon se sintió en la obligación de buscar, en lo más profundo de su ser, palabras de consuelo.
Mientras contemplaba el East River desde la ventana de su apartamento en Nueva York, cantó los primeros versos que había compuesto hacía más de una semana: «Cuando estés agotado sintiéndote insignificante. Cuando tus ojos se llenen de lágrimas, las secare todas».
Tras ese prometedor comienzo, sin embargo, solo hubo silencio. “Estuve bloqueado un tiempo”, admite Paul Simon. Lo que le inspiró a terminar su canción fue un álbum del grupo de góspel sureño Swan Silvertones: “Cada vez que llegaba a casa, ponía ese disco y se me quedaba grabado. Empecé a trabajar en los acordes góspel y a desarrollar la melodía. Había una canción en la que el vocalista cantaba con gran potencia y gritaba: ‘Seré tu puente sobre aguas profundas si confías en mi nombre’. Y bueno, creo que me apropié de esa frase”.
Y así salió esta canción que se convirtió en un éxito inmediato:
Cuando estés agotado sintiéndote insignificante. Cuando tus ojos se llenen de lágrimas, las secaré todas, estoy de tu lado. Cuando el tiempo se pone difícil y cuesta encontrar amigos...
Como un puente sobre las aguas turbulentas me tenderé para ti.
Cuando estés abatido y sin rumbo, cuando estés tirado en la calle, cuando de repente caiga la noche...
Yo te consolaré, me pondré de tu parte.
Cuando la oscuridad caiga y aparezca el dolor... Como un puente sobre las aguas turbulentas me tenderé para ti.
Avanza muchacha plateada, avanza, tu tiempo de brillar ha llegado, todos tus sueños están en camino, mira cómo brillan.
Si necesitas un amigo, estaré justo detrás. Como un puente sobre las aguas turbulentas para darte tranquilidad.
Todavía la canción tiene una historia compleja entre los componentes del dúo, celos, sospechas, malas interpretaciones... También nos puede servir para iluminar este tiempo especial del Adviento.
LA PROPUESTA DE RECORRIDO PARA ESTE ADVIENTO 25
Primer Domingo - «entre las aguas turbulentas» - Mt 24, 37-44
En el relato del evangelio de este primer domingo, Jesús hace referencia a los tiempos de Noé, paradigma por excelencia de «aguas turbulentas». Pero Jesús va a poner el acento, no tanto en las dificultades de aquellos tiempos violentos, cuanto en la despreocupación de la gente. Ahí surge la figura de Noé, que se convierte en referente porque, a diferencia de sus coetáneos, Noé está vigilante y se pone manos a la obra. No quiere dejarse devorar por las aguas turbulentas.
Como todos los años, el primer domingo de adviento tiene la intención de darnos una pequeña sacudida, una advertencia, despertarnos de la rutina, de lo cotidiano, de la indolencia. Aquí aparece Noé.
También nosotros, en nuestros tiempos, andamos zarandeados por infinidad de aguas turbulentas, basta escuchar los telediarios para ponerse de mal humor: la política nacional e internacional, conflictos, intolerancia, polarización, precios de los alimentos, del alquiler, de la vivienda... Aguas turbulentas en los distintos ambientes, en el trabajo, en casa, en la familia, en el pueblo, incluso en uno mismo: la salud, la edad, los ánimos, las relaciones... No es difícil sentirse sobrepasado. Es mejor cambiar de canal, centrarnos en el futbol, en la telenovela, en los pasatiempos, en la vida de los personajes de la farándula, en tic-toc, Facebook... estamos en la cultura del espectáculo, no hay tiempo para aburrirnos ni para dar espacio a las preocupaciones.
Este domingo nos invita a hacer como Noé y reaccionar.
Segundo Domingo - «como un puente» - Mt 3, 1-12
Juan, el profeta del Adviento, nos va a invitar a “preparar el camino al Señor, allanar sus senderos”. Una llamada a la conversión.
Aunque el uso de los términos ha ido conduciendo por otros caminos, en su origen, etimológicamente «con-versión» es justo lo contrario de «di-versión».
«Con-versión» habla de dirigir (verter) las energías hacia un mismo punto, algo similar a ‘con-centrar’. «Di-versión», en cambio, se refiere a dirigir esas energías hacia fuera, dispersarlas en distintas direcciones, ‘des-centrar’. Traducido a nuestro lenguaje y quitándole un poco de gravedad, podríamos traducir las palabras de Juan por “céntrate”, “ponte las pilas”, “asume tu vida, tu realidad, tu tiempo”.
En el recorrido que vamos haciendo en este adviento nos diría: “Que la conciencia de las aguas turbulentas sirva algo más que para ponernos de mal humor, para comentar en la barra del bar, para poner pingando a unos o a otros. Que, de algún modo nos movilice”. Buscar madera, clavos, hacer acopio de forraje para construir el arca; recoger piedra, argamasa, planos, gente para ir montando ese puente sobre las aguas.
Que nuestros buenos deseos, nuestras opciones de cambiar, de querer mejorar, tomen cuerpo, sencillo, pero eficaz.
Tercer Domingo - «me tenderé para ti» - Mt 11, 2-11
Daría la sensación de que Juan, está un poco decepcionado con Jesús. Él esperaba mano dura, hacha, bieldo y fuego. No parece estar del todo satisfecho con el tono amigable, cercano, de mano tendida y buen humor, de vivir y ayudar a vivir, de esperanza, de oferta de vida y de amistad que presenta Jesús.
Y Jesús, al remitir en su respuesta a su actuación, se está presentando como instrumento de un Dios amigo de la vida y de los vivos, que invita a construir arcas de salvación, puentes para que las aguas turbulentas de la vida no nos arrastren.
Paul Simon, tomó la frase que da título a la canción y que nos está guiando durante el adviento, de una canción góspel en la que Dios, se ofrece a sí mismo a ser un puente sobre las aguas amenazantes. Desde luego, Jesús, será ese puente que, en la navidad, se tiende para acercarse a la humanidad. Nosotros, la comunidad cristiana, somos, estamos llamados a ser, ese puente que se tiende en medio de las aguas turbulentas.
Qué propuesta tan bonita e interesante para cada uno, pero, sobre todo, para la comunidad, entendernos como mano tendida, apoyo necesario... tendidos para amortiguar, para brindar espacios de acogida, de crecimiento personal, de amistad y ayuda...
Cuarto Domingo - «tu tiempo de brillar ha llegado» - Mt 1, 18-24
Decíamos en la introducción que la historia de esta canción no se libra de malentendidos y conflictos entre los dos artistas.
Paul Simon regaló esta canción a su compañero Art, pero, por la reacción de Garfunkel, Simon pensó que éste no quería cantarla. Art Garfunkel lo recuerda de otra manera: “Cuando Paul me enseñó «Puente sobre aguas turbulentas», me dijo que era para mí. Y me encantó la canción al instante. Mi forma de darle las gracias fue: ‘¿Estás seguro? Porque suenas precioso cantándola, y es casi como si pudieras hacerlo tú mismo...’. Ahora bien, la historia más conocida es que se ofendió y se convirtió en un problema, como si yo estuviera rechazando la canción”.
Irónicamente, esta canción de camaradería contribuyó a la separación de Simon & Garfunkel en 1971. Como dijo Simon: “Muchas veces en el escenario, cuando estaba sentado junto a Artie y él cantaba, la gente se emocionaba y lloraba, y cuando terminaba, pensaba: ‘Esa canción es mía, tío. Muchísimas gracias, pero la escribí yo’. Al principio, cuando todo era más armonioso, nunca se me habría ocurrido, pero al final, cuando la situación se puso tensa, sí”.
El nacimiento de Jesús no se libró de sus propias aguas turbulentas que pudieron arrastrarle a la nada: celos, sospechas, honor, presión social... pero, en aquel caso, pudieron más los puentes: amor, confianza, comprensión, acogida... Y así hicieron posible a «Dios con nosotros». Como siempre que somos capaces de construir puentes, de derribar barreras, de tender la mano sobre los mil rostros con que nos llegan las aguas turbulentas.
Y por eso «su tiempo de brillar ha llegado» y no nos queda otra que admirar, saborear y agradecer.
¡Feliz Adviento! ¡Feliz navidad!