Llegamos al Segundo Domingo de Adviento… y nos encontramos con Juan, el profeta del Adviento, que nos va a invitar a “preparar el camino al Señor, allanar sus senderos”. Una llamada a la conversión.
Por aquellos días, Juan el Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando:
«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».
Este es el que anunció el profeta Isaías diciendo:
«Voz del que grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”».
Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre.
Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y de la comarca del Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.
Mt 3,1-12
Juan, el profeta del Adviento, nos va a invitar a “preparar el camino al Señor, allanar sus senderos”.
Desde la imagen que nos va orientando a lo largo de este adviento nos diría: “Que la conciencia de las aguas turbulentas sirva para algo más que para ponernos de mal humor, para comentar en la barra del bar, para poner pingando a unos o a otros. Que, de algún modo, nos movilice”.
Y nos invitaría a buscar madera, clavos, hacer acopio de forraje si vamos a hacer un Arca; o a recoger piedra, argamasa, planos para el puente. Y, por supuesto, compañeros, hombres y mujeres para hacer esta travesía en comunidad.
Que nuestros buenos deseos, nuestras opciones de cambiar, de querer mejorar, tomen cuerpo, sencillo, pero eficaz.
Juan nos hace una llamada a la conversión.
Aunque el uso de los términos se ha ido llenando de un contenido diferente, etimológicamente «con-versión» es justo lo contrario de «di-versión».
«Con-versión» habla de dirigir (verter) las energías hacia un mismo punto (con), algo similar a ‘con-centrar’. «Di-versión», en cambio, se refiere a dirigir esas energías hacia fuera, en direcciones dispersas, ‘des-centrar’.
Traducido a nuestro lenguaje y quitándole un poco de gravedad, podríamos traducir las palabras de Juan por “céntrate”, “ponte las pilas”, “asume tu vida, tu realidad y tu tiempo”…
Y ¿qué es lo que puede centrarnos?
Prestadle vuestro cuerpo
a esta Esperanza,
que se haga don y ofrenda
en vuestras manos,
que mueva vuestros pies.
Que puedan leer en vuestros gestos
que soñáis con ser hermanos.
Es Adviento..., es distinto...
Preparad el camino al Señor
y tened muy claro
que no es lo mismo
esperar que parar, unir que juntar,
condenar que visitar al condenado,
expulsar que acoger
al que viene de fuera.
No es lo mismo ser luz
que lucirse,
imaginar que crear,
contar que cuenta conmigo.
Que no es lo mismo
lo que digan en televisión
que lo que diga tu corazón.
Que siempre habrá quien desanime,
pero tenemos un corazón
en el que Dios sigue actuando
y nosotros esperamos
porque es Adviento...
y todo es distinto.