Palabra y Vida - El ejemplo a imitar

Palabra y Vida - El ejemplo a imitar

Comenzamos el tiempo ordinario, donde semana a semana, seguiremos a Jesús acompañándole en su misión evangelizadora. Iniciamos un proceso de seguimiento del Señor escuchando su palabra y asistiendo a la escuela del discipulado. El ritmo litúrgico nos marcará la ruta a seguir, alumbrará nuestros pasos y nos descubrirá el amor salvador de Dios por nosotros.

 

Cordero de Dios

El domingo pasado celebrábamos el bautismo del Señor por Juan el Bautista. De nuevo es Juan el Bautista quien centra la lectura del evangelio. La experiencia de haber bautizado al Señor y escuchar la voz del cielo de que era el Hijo amado le lleva a presentarlo a los demás. Este es el Cordero de Dios anuncia y grita a todo el mundo. En el Jordán contempló al Espíritu posarse sobre Jesús. Ello hizo que descubriera al Salvador. Ese conocimiento no es posible esconderlo ni guardarlo, es para proclamarlo y mostrarlo a los demás. Con entusiasmo, con parresía, anuncia la presencia de Cristo como el Salvador. Elige para ello una expresión que al pueblo judío le resultaba familiar y les recordaba la Pascua, el paso de la esclavitud a la libertad, el paso de Dios por sus vidas que celebraban con el Cordero de la Pascua signo de la liberación.

 

Dar testimonio

Juan Bautista, por tanto, hoy se nos presenta como ejemplo a imitar. Como él nuestra tarea de bautizados consiste en anunciar a Cristo. Presentarle a nuestros hermanos y decirles que es nuestro Salvador. Podemos preguntarnos si hablamos de Dios alguna vez. Cuantas veces en nuestras conversaciones familiares o con las amistades sale a relucir el tema de la fe, el tema de Dios. Con frecuencia callamos y eludimos hablar de ellos, a veces con el falso pretexto de no ofender o molestar. Recientemente la película “Los domingos” planteaba el tema de la vocación de una joven que aspira a ser monja y encuentra el rechazo en su propia familia. Seguimos padeciendo una carencia grande de hablar de la fe, de ser cristianos y por lo tanto de Dios. No parece que sea ese nuestro cometido y pretendemos que siempre lo hagan otros. No podemos seguir ocultando a Dios, no debemos seguir no hablando de Cristo y no haremos bien no anunciando al Salvador a nuestro mundo.

 

José María de Valles - Delegado diocesano de Liturgia