Perder el hogar no significa únicamente quedarse sin un techo. A veces supone perder también la tranquilidad, la seguridad, las rutinas cotidianas y la confianza en uno mismo. Significa no saber dónde empezar de nuevo ni a quién acudir cuando las dificultades parecen superar las propias fuerzas. Por eso, encontrar un lugar donde descansar, ser escuchado y sentirse acompañado puede convertirse en el primer paso para recuperar el rumbo.
Esta es una de las realidades que Cáritas Diocesana de Palencia ha querido poner de manifiesto esta mañana durante la rueda de prensa celebrada en el Centro de Acogida de Personas Sin Hogar, con motivo de la campaña de este año, que lleva por lema: «Un hogar es mucho más que un sitio donde vivir, es un lugar al que pertenecer».
En el encuentro han participado Nuria Andrés Izquierdo, coordinadora de Cáritas Diocesana de Palencia; María Lourdes Piñán Izquierdo, directora del centro; y Mario Domínguez Sánchez, uno de sus participantes. Su testimonio ha permitido acercarse a una realidad que las cifras ayudan a comprender, pero que adquiere su verdadero significado cuando se escucha a quienes la viven en primera persona.
MÁS PERSONAS NECESITAN AYUDA, TAMBIÉN JÓVENES
Los datos del Centro de Acogida reflejan un incremento de las situaciones de sinhogarismo y exclusión residencial. Entre el 1 de enero y el 30 de septiembre de 2026, Cáritas Palencia ha atendido a 597 personas, frente a las 528 del mismo periodo de 2025. Esto supone un aumento del 13,1 %.
Especialmente significativo es el crecimiento del número de jóvenes de entre 18 y 39 años atendidos: han pasado de 136 a 179, un 31,6 % más. Este grupo representa ya el 30 % de las personas atendidas por el centro.
Son cifras que invitan a detenerse y a preguntarse por las dificultades que encuentran muchas personas jóvenes para construir su futuro, acceder a una vivienda y desarrollar un proyecto de vida autónomo. La precariedad y la falta de oportunidades pueden hacer que una situación inicialmente difícil termine convirtiéndose en una pérdida de estabilidad residencial.
También ha aumentado un 33,8 % el número de personas procedentes de países extracomunitarios atendidas durante este periodo, otro indicador de la diversidad de situaciones que llegan al centro y de la necesidad de ofrecer respuestas adaptadas a cada persona.
Durante su intervención, Nuria Andrés ha recordado que la exclusión residencial no afecta solamente a quienes duermen en la calle. Hay personas y familias que destinan la mayor parte de sus ingresos al alquiler y a los suministros, sin apenas margen para otras necesidades; familias que comparten una habitación y personas que viven en espacios que no reúnen las condiciones adecuadas.
Cuando la vivienda ocupa todos los recursos, también se resienten otras dimensiones de la vida: el descanso, las relaciones personales, el ocio y las posibilidades de cuidar la salud física y emocional. La falta de un hogar digno puede convertirse así en una cadena de dificultades de la que resulta muy complicado salir sin apoyo.
Por ello, la coordinadora de Cáritas ha insistido en la necesidad de mirar más allá de la ausencia de un techo y de comprender las distintas formas de exclusión residencial. La vivienda -ha señalado- está condicionando cada vez más la vida de muchas personas, incluso de aquellas que cuentan con algún ingreso, pero no encuentran una alternativa habitacional accesible.
MARIO, 19 AÑOS: VOLVER A CONFIAR Y EMPEZAR DE NUEVO
Mario Domínguez Sánchez tiene 19 años. Su historia ayuda a comprender que las situaciones de sinhogarismo no son una realidad lejana ni ajena, y que una persona puede encontrarse en una situación de gran vulnerabilidad cuando las circunstancias se complican y faltan los apoyos necesarios.
La pérdida de varios empleos y la imposibilidad de pagar las mensualidades del lugar donde vivía acabaron dejándolo sin techo. Mario pensaba que podía afrontar las dificultades por sí mismo, pero tuvo que reconocer que necesitaba ayuda.
«Lo humano es reconocer que tienes problemas, tienes ciertos momentos de adversidad y que necesitas una ayuda», ha explicado durante la rueda de prensa.
La posibilidad de acudir a Cáritas le ha permitido descubrir un lugar en el que empezar a recuperar la confianza y dar nuevos pasos. «El hecho de llegar a Cáritas me ayudó a abrir los ojos, recuperar un sentido y una confianza», ha recordado.
En sus palabras hay algo que puede pasar desapercibido: el valor de las pequeñas cosas. Levantarse por la mañana, airear la habitación, desayunar, hacer la cama y prepararse para afrontar el día son gestos cotidianos que ayudan a recuperar el orden y la estabilidad cuando todo parece haberse desmoronado.
Para Mario, esas rutinas no son simplemente normas que cumplir, sino una forma de aprender a responsabilizarse de su propia vida y de volver a encontrar seguridad en el día a día.
Actualmente trabaja como operario en Trapa y se esfuerza por mantener la estabilidad que va recuperando. Sabe que el acompañamiento recibido es una oportunidad, pero también un compromiso personal. «De nada vale si se me brinda una ayuda y no cumplo con mi tarea obligatoria», ha afirmado.
Durante estos meses, además, ha vuelto a encontrar momentos de felicidad y ternura, a escuchar otras experiencias y a compartir las suyas. Ha descubierto el valor de sentirse acompañado y de poder contar con personas que le tienden una mano.
«Al final es lo que hace que una persona se propulse. Escuchar, ser escuchado y ayudar», ha señalado.
Su testimonio pone rostro a una realidad que afecta también a los jóvenes y recuerda que detrás de cada situación de vulnerabilidad hay una persona con capacidades, dificultades, decisiones y posibilidades de futuro. Personas que no necesitan ser definidas por el momento que atraviesan, sino encontrar oportunidades para volver a construir su camino.
ACOGER, ACOMPAÑAR Y CAMINAR AL RITMO DE CADA PERSONA
María Lourdes Piñán, directora del Centro de Acogida, ha subrayado que la prioridad del trabajo de Cáritas son las personas. El objetivo es acompañarlas para que puedan recuperar su dignidad personal y laboral, atendiendo a sus necesidades y respetando sus propios procesos.
Y, por su parte, Nuria Andrés, explicando la dinámica diaria del Centro ha recordado que la acogida comienza con la escucha y una primera valoración de la situación. Quienes llegan al centro necesitan, en muchas ocasiones, descansar y encontrar un espacio de tranquilidad antes de poder compartir su historia y afrontar las dificultades que les han llevado hasta allí.
A partir de ese primer encuentro, el equipo valora qué respuesta necesita cada persona. Algunas permanecen unos días, mientras que otras inician un itinerario de acompañamiento a medio o largo plazo, con objetivos y tiempos que se revisan en función de su evolución.
No hay dos historias iguales ni una única respuesta válida para todas. El acompañamiento puede incluir orientación laboral, apoyo en los procesos de regularización administrativa, acceso a ayudas sociales, atención ante situaciones de adicción y búsqueda de una alternativa habitacional. Cuando es necesario, Cáritas trabaja en coordinación con otras entidades y recursos especializados.
El centro promueve también talleres, actividades de ocio y acompañamientos que ayudan a recuperar habilidades, establecer relaciones y participar en la vida de la ciudad. En este proceso, el voluntariado desempeña un papel fundamental, aportando tiempo, cercanía y oportunidades de encuentro.
Nuria Andrés ha destacado la importancia de mantener el acompañamiento hasta que existan condiciones reales para dar el siguiente paso. Y es que, aunque una persona haya avanzado en otros ámbitos de su vida, encontrar una vivienda sigue siendo uno de los principales obstáculos. La falta de ingresos estables, las dificultades del mercado del alquiler y las situaciones de discriminación pueden prolongar procesos que, de otro modo, estarían preparados para avanzar.
La labor de Cáritas busca precisamente que la salida del centro no sea solo un cambio de lugar, sino un paso hacia una vida con mayor autonomía, seguridad y posibilidades de integración. Para ello, resulta imprescindible el trabajo conjunto con otras entidades y administraciones, entre ellas la Junta de Castilla y León y el Ayuntamiento de Palencia, que colaboran en la financiación del recurso junto con los fondos propios de Cáritas.
UNA COMUNIDAD EN LA QUE TODOS TENGAN UN LUGAR
El lema de la campaña de este año invita a comprender que un hogar no se limita a cuatro paredes. Es también el espacio en el que una persona puede sentirse segura, establecer vínculos, compartir la vida y saber que cuenta para los demás.
En este sentido, Nuria Andrés ha hecho un llamamiento a recuperar el valor de la vecindad y del cuidado mutuo. Estar pendientes de quienes tenemos cerca, no mirar hacia otro lado y favorecer relaciones que ayuden a superar la soledad son gestos que contribuyen a construir una comunidad más acogedora.
La respuesta al sinhogarismo requiere, por supuesto, políticas que faciliten el acceso a una vivienda digna y recursos que acompañen a las personas en sus procesos de inclusión. Pero también necesita una sociedad dispuesta a reconocer la dignidad de cada persona, sin prejuicios y sin reducir su historia a las dificultades que atraviesa.
ACTIVIDADES PROGRAMADAS
Con motivo de la campaña, Cáritas Diocesana de Palencia ha programado distintas actividades para acercar esta realidad a la ciudadanía, favorecer el encuentro y sensibilizar sobre la importancia de construir espacios de acogida y pertenencia.
• 25 de octubre, en el Centro de Acogida de Personas Sin Hogar. A las 11:30, comienzo de las Puertas Abiertas. A las 12:00, Eucaristía. Y a las 13:00, Ágape.
• 26 de octubre, en el Teatro Ortega. Representación de “On Time” con el Grupo de Teatro La Salle Palencia. A las 18:30. Entrada con invitación.
• 29 de octubre, en el Centro de Acogida de Personas Sin Hogar. A las 18:30. “Historias para ser contadas”, con Enrique González y Belén Carrión. Se finalizará con una chocolatada.