El valor de la mentira

El valor de la mentira

La mentira está triunfando: Mentir hoy en día, está más valorado que decir la verdad. Y, si por casualidad se descubre que alguien ha mentido, o ha inventado un bulo, o ha lanzado una noticia falsa; se empieza a enredar la realidad con artilugios que, a lo último que conducen es a reconocer la mentira y casi convertirla en verdad. Cuando un mentiroso es descubierto intenta confundir a quien lo descubrió alegando, por ejemplo, que no hubo mentiras, sino cambios de opinión. Aunque no olvidemos que “una mentira repetida muchas veces llega a convertirse en verdad”.

Actualmente la mentira se considera rentable, en cuanto le permite a uno salir airoso de ciertos apuros y montar estrategias eficaces para vencer sin necesidad de convencer. Si se va con la verdad por delante, no se llega lejos; en cambio, la mentira es un recurso de éxito. La mentira ya no conlleva el estigma de antes y últimamente se valida socialmente, sobre todo en el ámbito de la política. Pero eso no puede evitar que sea y siga siendo un antivalor moral.

La mentira consciente provoca un serio perjuicio tanto al mentiroso como al engañado. Al que miente le perjudica en el sentido que altera seriamente su sentido de la realidad, y provoca que poco a poco pierda la capacidad de diferenciar lo que es verdad de lo que es falso, y acabe creyendo sus propias mentiras. La consecuencia más directa que surge de la mentira es el daño emocional que hace a la persona engañada.

Frente a la ‘cultura’ de la mentira urge promover la ‘cultura’ de la verdad. Una posible solución es lógica: la educación ética desde una edad temprana, donde se valore la honestidad y se comprendan las consecuencias del engaño.

La construcción de una sociedad justa y equitativa depende de la voluntad de todos por rechazar el engaño y promover la honestidad, en lugar de perpetuar una cultura donde la mentira se convierte en un medio aceptable para alcanzar fines personales. La verdad es un valor vinculado a la honestidad, que implica la actitud de mantener en todo momento la veracidad en las palabras y en las acciones. La familia y la escuela deben fomentar el amor a la verdad desde edades tempranas, tanto con la enseñanza como con el ejemplo. El amor a la verdad posibilita una sana convivencia y es condición indispensable para cualquier otro amor.

Pablo Espina