Villamuriel de Cerrato vivió ayer domingo una intensa jornada con motivo de la coronación canónica pontificia de la Virgen del Milagro: un histórico acontecimiento que logró congregar a cientos de personas y cofradías de advocación mariana llegadas desde toda la Diócesis en los alrededores de la iglesia de Santa María la Mayor.
La jornada comenzó con la celebración de la eucaristía, sirviendo además para conmemorar el 425 aniversario del «Milagro de la Cera», un episodio profundamente arraigado en la memoria y la fe de Villamuriel. La ceremonia fue presidida por nuestro obispo D. Mikel, quien procedió a imponer la corona a Virgen del Milagro, cumpliendo así con la concesión oficial dictaminada por el Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.
Durante su homilía, D. Mikel animó a los presentes a “alzar la mirada” y a fundamentar la fe en valores como la fraternidad y la esperanza. Asimismo, aprovechó el marco de la Ascensión para aludir a la inminente visita del Papa León XIV a tierras españolas, exhortando a los fieles a despojarse de “la frialdad y la distancia” para volcarse en la construcción de comunidades más humanas y cercanas. En sus propias palabras, la intención es la de caminar con empatía mutua para tejer un sólido sentido de comunidad. Recordó igualmente que esta distinción pontificia conllevaba el aval de la Iglesia a la histórica protección de María sobre Villamuriel durante más de cuatro siglos.
Finalizando la eucaristía, en la acción de gracias, la presidenta de la cofradía de la Virgen del Milagro, Sara Gómez, mostró su gratitud por los más de cuatro siglos de fiel presencia mariana en el municipio. A su vez, el alcalde de Villamuriel, Roberto Martín, ensalzó la armonía vivida a lo largo del día y elogió el trabajo de los empleados del Ayuntamiento, peñas y colectivos locales que hicieron posible el evento, pidiendo a la patrona que continuara bendiciendo los proyectos del pueblo. Por su parte, el párroco, Miguel Ruiz, alabó la estrecha coordinación entre las instituciones organizadoras y cedió simbólicamente el testigo a la cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Madre la Virgen de la Amargura de Palencia, cuya imagen será coronada el próximo diciembre.
El colofón de la cita lo puso una multitudinaria procesión que recorrió las calles de Villamuriel. En ella participaron un total de quince tallas marianas llegadas de diferentes rincones de la diócesis, de las cuales nueve ya contaban con la distinción de estar coronadas. La comitiva estuvo encabezada por la Virgen de la Amargura de los nazarenos de la capital, escoltada por su propia banda de cornetas y tambores. Tras ellos marcharon, de forma sucesiva, las imágenes de la Virgen de la Piedad (Herrera de Pisuerga), la Virgen de Belén (Carrión de los Condes), la Virgen del Brezo (Villafría de la Peña), la Virgen de Carejas (Paredes de Nava), la Virgen del Castillo (Autillo de Campos). la Virgen de Garón (Antigüedad), la Virgen del Llano (Aguilar de Campoo), la Virgen del Rasedo (Cevico de la Torre), la Virgen de Revilla (Baltanás), la Virgen de Ronte (Osorno), la Virgen del Valle (Saldaña), la Virgen de Villaverde (Magaz de Pisuerga), María Auxiliadora (Salesianos de Villamuriel) y la Virgen de la Calle (Palencia).
El desfile, que se inició en la plaza de la iglesia, avanzó por la calle Mayor y giró en la avenida de La Aguilera hacia la plaza del Ayuntamiento. Fue allí donde se vivió otro de los grandes momentos de la jornada cuando la pequeña Lucía recitó “las gracias”.
Finalmente, el cortejo emprendió el camino de retorno a la plaza de Santa María la Mayor. A su llegada, las imágenes y estandartes formaron un pasillo para recibir a la recién coronada Virgen del Milagro y rezar la Salve.
HOMILÍA DE NUESTRO OBISPO
Querida comunidad parroquial de Villamuriel, cofradía de la Virgen del Milagro, gracias por vuestra acogida. Hermanas y hermanos que habéis venido de tantas cofradías marianas de nuestra diócesis sed bienvenidos de todo corazón.
Miembros de la corporación municipal de Villamuriel, alcaldes y alcaldesas, autoridades, os saludo con todo mi afecto.
Hoy, fiesta de la Ascensión del Señor al cielo, acabamos de escuchar en el Evangelio una pregunta que hicieron los dos hombres vestidos de blanco a los apóstoles: “galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al cielo”. De esta manera tan abrupta, les pedía Dios a los discípulos de su Hijo a que retomaran su vida y retornaran al cenáculo, donde debían esperar la llegada del Espíritu.
El pequeño grupo, formado por los once, María y las demás mujeres, debía continuar su camino sin la percepción física de su Maestro y Salvador. Debían mirarse unos a otros, y descubrir en sus ojos la huella dejada por el Amigo, por su Señor. Debían retejer la comunidad eligiendo al duodécimo apóstol que restañara la herida dejada por la traición de uno de ellos, y esperar a que algo sucediera el día de Pentecostés.
Pues bien, diez días después, un fuerte viento llenaría toda la casa y verían aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Ahora alzaban la mirada viendo cómo descendía sobre ellos el Espíritu. Este año la espera de Pentecostés viene marcada en España por la preparación del viaje apostólico del Papa León XIV. Y la invitación será justamente la de alzar la mirada de cuantos en nuestro mundo caminamos encorvados por el peso de nuestras historias, y tantas veces, porque miramos hacia abajo, a la pantallita del teléfono móvil que ocupa casi todo el día a nuestras manos, y reclama dictatorialmente nuestra atención.
Hoy celebramos una coronación pontificia, y ello implica que la Santa Sede reconoce esta celebración como un signo palpable de la intervención de María en favor de este pueblo. “El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo, volverá como le habéis visto marcharse”, han dicho los ángeles a los discípulos. Y el mismo Jesús confirma esta promesa: “Y sabed que estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”.
En la epístola, Pablo nos ayuda a concretar cómo podemos percibir todo eso. “Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación para conocerlo, ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis
- Cuál es la esperanza a la que os llama
- Cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos
- Cuál la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que creemos
El Padre todo lo puso bajo los pies de Cristo y lo dio a la Iglesia y lo puso como Cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos.
El pueblo de Dios, al coronar a María como reina, reconoce que ella es imagen, icono de la Iglesia. María, la pequeña María, la sierva, sabe que “el Poderoso ha hecho obras grandes en mí”. Cuantos amamos a María y acudimos a ella con devoción, sabemos que ella es dichosa, es feliz, es plena por haber escuchado y obedecido a la Palabra. Ella ha coronado su peregrinación llegando hasta el final, hasta el Calvario, hasta la Ascensión y hasta Pentecostés. Por ello nos unimos a su alegría. En la Asamblea de la Iglesia de Castilla en Ávila, repetíamos aquello de “qué hermosa es la Iglesia, cuando todos conversamos y escuchamos desde el Espíritu”.
Hoy la Iglesia sigue siendo hermosa como María, porque el milagro de la cera se repite cada vez que salimos con las antorchas encendidas para anunciar que Él vive. “Se me ha dado todo poder en el cielo y la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos”.
El himno de la visita del Papa es hacer una llamada directa a la esperanza. “Alza la mirada” invita a los fieles a no dejarse abatir por un mundo marcado por los conflictos y las dificultades diarias, proponiendo mirar hacia arriba para encontrar un propósito y tender la mano a los demás. Esta es la letra:
[Estribillo] Alzo la mirada, mis ojos en Jesús. Alzo la mirada clavada en la cruz. Cuando miro al cielo todo es nuevo con su luz. Alzo la mirada…
[Estrofa 1] No estoy hecho para mirar al suelo. Al mirarte sé por qué nací. Me creaste para mirar al cielo. Estoy inquieto hasta que no descanse en ti.
[Estrofa 2] El Señor es mi fuerza y mi esperanza. No vacilaré (Alzo la mirada) Él es la roca de la salvación. En Él confío y no tiemblo. En Él confío y no tiemblo.
[Puente] Por los que buscan la paz y la libertad. Para que encuentren en tus ojos dónde descansar. Por los que cruzan el mar buscando un hogar. Para que vean más allá de la tempestad.
Hoy me toca presidir esta celebración en nombre del Papa. Por eso os recuerdo que vendrá Pedro a España, como peregrino de esperanza, y cumpliendo el encargo del Maestro de atar y desatar. Nos regalará palabras de vida que no nos sacarán de ella, sino que nos unirán con Dios y entre nosotros. Nos pedirá que, en lugar de vivir hiperconectados, vivamos vinculados. Nos animará a que caminemos con los ojos puestos a la altura de los ojos de los demás para tejer comunidad y crecer en humanidad. Palencia permite caminar así, con pausa y como invitando a quien está solo o herido, a acercarse a nuestra orilla. Un Papa que cambia hostilidad por hospitalidad, que quiere disipar los bloques y los muros, y que ofrece la Paz del Resucitado a todos, viene a nosotros.
Una buena preparación a la espera del día 6 de junio sería revisar nuestras miradas, rebajar la frialdad y la distancia, y dejar aflorar la ternura y la misericordia a nuestros ojos. Muchos lo agradecerán, especialmente los pequeños, los heridos, los que viven al margen. Si alzamos la mirada, que sea para pedir fuerza y luz, y si la bajamos, que sea para encontrarnos con quien desde el suelo reclama a nuestra conciencia que está ahí, que nos espera desde siempre, y que un día quiere acompañarnos al cielo. La corona de María significa el triunfo del Amor y de la Vida, recuerda que su Hijo es el Rey que vuelve, porque nunca se ha marchado. “Sabed que estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo
Esa es la encomienda de Jesús a nuestras cofradías, a nuestras parroquias, a cada una de nuestras comunidades cristianas. María, Madre de misericordia, Reina de los profetas, Virgen del Milagro, ruega por nosotros.