Acabadas las celebraciones pascuales hoy nos sumergimos en el conocimiento de Dios a través de ese misterio que llamamos la Santísima Trinidad. El catecismo nos dice que la Trinidad es el misterio central de la fe cristiana. “Es el misterio de Dios en sí mismo” (Núm. 234). Dios se nos ha revelado a sí mismo como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Tres personas en un solo Dios. En el prefacio de la misa de hoy lo explicará el sacerdote de esta manera: que con tu único Hijo y el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor; no una sola Persona, sino tres Personas en una sola naturaleza”.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo
No resulta sencillo hablar de la Santísima Trinidad de una manera que se entienda por todos. Tendemos a usar un lenguaje teológico con conceptos que difícilmente llegamos a comprender al hablar de la Santísima Trinidad. A pesar de la dificultad de explicar el misterio de la Trinidad lo proclamamos continuamente especialmente en la vida y en la liturgia. Siempre que nos signamos los hacemos en el nombre de la Trinidad. Al iniciar la Eucaristía y al recibir, al finalizar, la bendición usamos la expresión trinitaria de hacerlo en el nombre del Padre, el Hijo y del Espíritu Santo.
Misterio Familiar
Entre las muchas imágenes que los pensadores cristianos usan para entender la Trinidad, una de ellas es como ver desde un avión un territorio extenso y querer definirlo con una sola palabra. Siendo todo el mismo territorio, vemos diferentes espacios: monte, por otro, llanura y lagos y ríos. Eso nos lleva a explicar cada una de las partes que lo componen. Así hablamos de Dios por separado sabiendo que siendo uno lo conforman tres personas: Dios como Padre, Dios como Hijo en Jesucristo y Dios como Espíritu Santo. Esto que Él nos ha revelado lo expresamos refiriéndonos al Padre como infinitamente generoso, providente y fuente de toda la creación y de la vida. Del Hijo decimos que es Jesús, nacido de María, nuestro Salvador que vivió entre nosotros y dio su vida en la cruz por nuestra salvación. Por último, del Espíritu Santo nos atrevemos a decir que es la fuerza y el poder de Dios que nos acompaña cada día, fuente de sabiduría y energía que necesitamos para mantenernos fieles como Iglesia. Y empleamos nombres familiares que nos recuerdan los lazos de unión de las relaciones familiares que resalten la unidad frente a la separación.
Resumiendo
El misterio de la Trinidad sintetiza la teología del evangelio de san Juan. Todo lo que sabemos de Dios se resume en que es amor y tanto amor que entregó a su Hijo para que el mundo se salve y no para juzgarlo y condenarlo sino ofreciéndonos la oportunidad de creer en Él. La Santísima Trinidad sin dejar de ser un misterio incomprensible y un enorme desafío de entender lo podemos experimentar si sentimos que Dios está cerca, presente en nuestra vida, que Dios salva y no condena y podemos experimentar su fuerza en nosotros cuando vivimos la comunión en la Iglesia sabiendo que Dios trino está presente.
Acabamos con la oración inicial de la misa de hoy donde pedimos a Dios nos conceda conocer la gloria de la eterna Trinidad y adorar su unidad todopoderosa.
José María de Valles - Delegado diocesano de Liturgia