Jornada de la Fraternidad Humana

+ Mons. Manuel Herrero Fernández, OSA. Obispo de Palencia

Cuando escribo esto los medios de comunicación social, casi como una sinfonía, informan de la violencia y muerte en Ucrania, con la guerra que causa con tantas muertes, odio, rencor, destrucción, refugiados, miseria y pobreza, y en otras guerras más silenciadas por no sé qué intereses; en Algeciras, con la matanza terrorista del sacristán de la parroquia de la Palma; del asesinato de una mujer que tiene familia en Palencia y de su hija a cargo de su pareja en Valladolid; de la violencia mortal entre Israel y los palestinos; de la detención de un yihadista en Gerona; y de la muerte violenta de un joven negro en Memphis (USA), a cargo de unos policías negros. Seguramente y tristemente en este tiempo que media entre esta escritura y su publicación en el Diario Palentino habrá otras malas noticias. Y esto en vísperas de la celebración del día 4 de febrero de la Jornada Internacional de la Fraternidad Humana.

Esta fecha coincide con el día, 4 de febrero, en el que el Papa Francisco y el Gran Imán Al-Tayyeb firmaron la declaración “Documento sobre la Fraternidad Humana por la Paz mundial y la Convivencia común”. Este Documento dice en el Prefacio: «La fe lleva al creyente a ver en el otro a un hermano que debe sostener y amar. La fe en Dios, que ha creado el universo, las criaturas y todos los seres humanos -iguales por su misericordia- el creyente está llamado a expresar esta fraternidad humana, protegiendo la creación y todo el universo y ayudando a todas las personas, especialmente a las más necesitadas y pobres». Este documento invita a las personas que llevan en el corazón la fe en Dios y la fe en la fraternidad humana a unirse y a trabajar juntas, para que sea guía para las nuevas generaciones hacia una cultura del respeto recíproco, en la comprensión de la inmensa gracia divina que hace hermanos a todos los seres del mundo.

Este documento pide que «en el nombre de Dios», de los pobres, desdichados, marginados, de los huérfanos, de las viudas, de los refugiados y exiliados de sus casas y pueblos, de todas las víctimas de las guerras, las persecuciones e injusticia, de los débiles, de cuantos viven con miedo, de los prisioneros de guerra, de los torturados, de los pueblos que han perdido la seguridad, la paz y la convivencia común, siendo víctimas de la destrucción, la ruina y las guerras; en nombre de la fraternidad humana que abraza a todos los hombres, los une y los hace iguales; en nombre de esta fraternidad golpeada por políticas de integrismo y división, por las ganancias insaciables y las tendencias ideológicas odiosas que manipulan las acciones y los destinos de los hombres; en nombre de la libertad, de la justicia y de la misericordia, de las personas de buena voluntad; en el nombre de Dios, invitan a asumir la cultura del diálogo como camino, la colaboración como conducta, el conocimiento recíproco como método y criterio.

Este documento nos pide comprometernos seriamente en difundir la cultura de la tolerancia, de la convivencia y de la paz; intervenir lo antes posible para parar el derramamiento de sangre inocente y poner fin a las guerras, los conflictos, a la degradación ambiental y a la decadencia cultural y moral que el mundo vive actualmente.

En este contexto llaman a defender la familia humana como núcleo fundamental de la sociedad y de la humanidad, a revivir el sentido religioso y la necesidad de reavivarlo en los corazones de las nuevas generaciones a través de una educación sana y a la adhesión a los valores morales y enseñanzas religiosas para afrontar las tendencias individualistas, egoístas, conflictivas, el radicalismo y el extremismo ciego en todas sus formas y manifestaciones.

Este documento declara la importancia del rol de las religiones en la construcción de la paz mundial señalando varios puntos y termina expresando unos deseos: invitar a la reconciliación y a la fraternidad entre todos los creyentes, no creyentes, y personas de buena voluntad, a repudiar la violencia aberrante y el extremismo ciego, a ser tolerantes y a dar un testimonio de la grandeza de la fe en Dios.

¿Qué podemos hacer desde Palencia?

- Orar por la fraternidad entre las religiones el domingo 5 de febrero para que la fe sea un lugar de encuentro y diálogo, cese la violencia, las persecuciones por motivos religiosos y para que todos los creyentes seamos instrumento de paz en nuestra sociedad.

- Donde sea posible establecer un diálogo sincero con ciudadanos de otros credos o ateos sobre la fraternidad humana.

- Como cristianos asentar esta fraternidad humana en la firme roca de que en Cristo todos somos de Padre que nos ama incondicionalmente y de hermanos en el Espíritu que nos habita y que guía la Iglesia y la historia y nos une en Jesucristo.