Catequistas en Roma

Catequistas en Roma

Queridos lectores, paz y bien:

Hoy celebramos en Roma el Jubileo de los catequistas. En la plaza de San Pedro, culminamos unos días intensos, en los que catequistas de Palencia, de Castilla, de España y de todo el mundo hemos podido vivenciar la alegría que supone para el discípulo de Jesús comunicar la fe.

Ayer por la tarde, tuve el privilegio de dar una catequesis a hermanos de Madrid, Málaga y Sigüenza en la Iglesia de San Gregorio VII, muy cerca del Vaticano, mientras que los de Castilla recibieron la catequesis en la Iglesia de Santa María del Rosario in Prati, por parte de don Carlos Escribano, arzobispo de Zaragoza.

Como miembro de la Comisión de Evangelización, Catequesis y Catecumenado, de la Conferencia Episcopal Española, tengo la oportunidad de reflexionar, discernir y debatir acerca del momento actual de la catequesis, particularmente problemático en el día de hoy. Padres (cada vez menos) que piden, incluso exigen, sacramentos para sus hijos sin un planteamiento de fe, de comunidad, de seguimiento al Señor. Repunte de los adolescentes y jóvenes con el Sacramento de la Confirmación, hundimiento del número de matrimonios por la Iglesia, etc.

Sin embargo, y por encima de todo, hemos de asumir el reto de una sociedad secularizada, donde esa crisis de identidad cristiana se ha colado en nosotros, clero, laicos, consagrados, pero a la vez, son más y más los ajenos a la Iglesia que llaman y llamarán a nuestras puertas buscando razones para esperar, razones para vivir. Pasa en Francia, pasará en España. En esa línea, nos pidieron los organizadores del Jubileo de Roma que la catequesis de ayer llevara por título: “la catequesis, puerta de la esperanza”.

En esa línea, ofrecí unas pistas para el diálogo con personas “no creyentes”, ajenas aún a una experiencia de Jesús vivo y presente en medio de la historia, Salvador del mundo. Sugerí que los elementos fundamentales para el diálogo entre un católico y alguien que no lo es hay que tener en cuenta que la relación y calidez personal es más importante que el contenido de lo que se hable al menos al comienzo. Que la disposición es central, es clave, la tuya y la suya, pues la fe no tiene que ver con algo, sino con Alguien. Que el creyente es una persona más habitada que ocupada (o preocupada). Que del creyente se requiere: respeto por la otra persona, confianza en sí mismo, la capacidad de enfocar las cosas esenciales y sentido profundo del Espíritu. Y por su parte el no creyente requiere: ser escuchado con sensibilidad, superar el nivel de debate o controversia, y ser puesto en contacto con su historia personal.

Una Iglesia de cristiandad arrastra la carga de una religión social, con unos contornos ambiguos con el mundo. Una Iglesia comunidad peregrina, itinerante y carismática, está formada por discípulos misioneros, en el fondo, por catequistas. Y eso nos retrotrae a la Iglesia peregrina, en la que el crecimiento era exponencial, porque estaba el mandato de Jesús vibraba en el corazón de toda la comunidad: “haced discípulos, saliendo, enseñando, bautizando”. Nuestra referencia es el modo en que Jesús enseña a la samaritana, o a los discípulos de Emaús: el Señor amplía siempre su discurso desde la discusión hacia la experiencia.

De su mano, en la práctica, se dan situaciones que han de ser evitadas o favorecidas. Los cristianos debiéramos evitar: lanzarnos con respuestas apresuradas, responder intelectualmente (al menos al comienzo), animar a comprender las cosas como nosotros, defenderlo todo, negar nuestras dificultades. Y a la vez, debiéramos favorecer: delimitar la dimensión vivencial más allá de los problemas, discernir las buenas nuevas escondidas en lo oscuro (mistagogía), escuchar y hablar sólo cuando llega el momento justo, mantener una sintonía personal de comunicación y sobre todo, conformarnos con una sola cosa en cada encuentro.

La catequesis del siglo XXI es anuncio (kerigma) de una Buena Noticia: en la que se recorren estos pasos:

- Dios tiene un proyecto para tu felicidad

- El miedo, el pecado, el mal dificultan tu vida

- Puedes volver a vivir aceptando a Cristo como tu Salvador

- De esta forma lo que tu corazón anhela y sueña se cumplirá

Son tiempos nuevos que requieren nueva sensibilidad, nuevos métodos para caminar en nuestro mundo. El adoctrinamiento y la imposición han de desaparecer y la alegría de compartir la belleza de la fe han de irradiar desde una vida comunitaria y comprometida. En la Ciudad Eterna, ecos antiguos y contemporáneos crearon una hermosa sintonía en tantos catequistas que dan lo mejor de sí mismos en circunstancias complicadas. Hermoso Jubileo de la Esperanza.

+ Mons. Mikel Garciandía Goñi. Obispo de Palencia