Te he amado

Te he amado

Queridos lectores, paz y bien.

En la comunidad cristiana, vivimos el gusto y el perfume de comienzo de pontificado de un Papa, León XIV el 267º de la serie, que antes de cumplir los cinco meses de este servicio, en la fiesta de San Francisco de Asís, ha publicado su primera exhortación apostólica, en fraterna continuidad con el Papa Francisco. Lo cuenta él mismo: «La declaración de amor del Apocalipsis (te he amado), remite al misterio inextinguible que el Papa Francisco ha profundizado en la encíclica Dilexit nos sobre el amor divino y humano del Corazón de Cristo. En ella hemos admirado el modo en el que Jesús se identifica “con los más pequeños de la sociedad” y cómo con su amor, entregado hasta el final, muestra la dignidad de cada ser humano, sobre todo cuando es más débil, miserable y sufriente».

Contemplar el amor de Cristo «nos ayuda a prestar más atención al sufrimiento y a las carencias de los demás, nos hace fuertes para participar en su obra de liberación, como instrumentos para la difusión de su amor». Por esta razón, en continuidad con la encíclica Dilexit nos, el Papa Francisco estaba preparando, en los últimos meses de su vida, una exhortación apostólica sobre el cuidado de la Iglesia por los pobres y con los pobres, titulada Dilexi te, imaginando que Cristo se dirigiera a cada uno de ellos diciendo: no tienes poder ni fuerza, pero «yo te he amado» (Ap 3,9). Sigue diciendo León: «Habiendo recibido como herencia este proyecto, me alegra hacerlo mío -añadiendo algunas reflexiones- y proponerlo al comienzo de mi pontificado, compartiendo el deseo de mi amado predecesor de que todos los cristianos puedan percibir la fuerte conexión que existe entre el amor de Cristo y su llamada a acercarnos a los pobres. De hecho, también yo considero necesario insistir sobre este camino de santificación, porque en el llamado a reconocerlo en los pobres y sufrientes se revela el mismo corazón de Cristo, sus sentimientos y opciones más profundas, con las cuales todo santo intenta configurarse».

Cada pontificado añade un aspecto, una faceta, una perspectiva a todos los anteriores, ya que la fe católica, en su hermosura, es poliédrica y compleja. Debe huir de la banalización, la simplificación, y la ideologización, tan comunes en nuestro tiempo y en nuestra sociedad. Y eso es lo que deseo destacar de la presentación que hace el Santo Padre: «es precisamente en esta perspectiva que el afecto por el Señor se une al afecto por los pobres. Aquel Jesús que dice: “A los pobres los tendréis siempre con vosotros” (Mt 26,11) expresa el mismo concepto que cuando promete a los discípulos: “Yo estaré siempre con vosotros” (Mt 28,20). Y al mismo tiempo nos vienen a la mente aquellas palabras del Señor: “Cada vez que lo hicisteis con el más pequeño de mis hermanos, lo hicisteis conmigo” (Mt 25,40). No estamos en el horizonte de la beneficencia, sino de la Revelación; el contacto con quien no tiene poder ni grandeza es un modo fundamental de encuentro con el Señor de la historia. En los pobres Él sigue teniendo algo que decirnos».

Coincido plenamente con Robert Francis Prevost en su subrayado. La Iglesia no ha de conformarse con funcionar como una ONG al servicio de las líneas que marcan los poderes del mundo. Los pobres no pueden ser moneda de cambio, ni justificación para nuestra mala conciencia. Siguen resonando en mi corazón las palabras de un zíngaro bosnio a unos predicadores que les querían convencer para que ellos entraran en su grupo: “estamos hartos de serviros de escaleras para que vosotros subáis a vuestro cielo”. El único antídoto contra esa utilización lo da el Señor, que nos ha amado en nuestra pobreza y nos sigue hablando en sus pobres.

El detalle de León XIV ya lo había tenido el propio Francisco con Benedicto XVI. Decía en su presentación de su primer documento, Lumen fidei (la luz de la fe): «Él ya había completado prácticamente una primera redacción de esta Carta encíclica sobre la fe. Se lo agradezco de corazón y, en la fraternidad de Cristo, asumo su precioso trabajo, añadiendo al texto algunas aportaciones. El Sucesor de Pedro, ayer, hoy y siempre, está llamado a “confirmar a sus hermanos” en el inconmensurable tesoro de la fe, que Dios da como luz sobre el camino de todo hombre». Es hermosa una Iglesia en la que tantas veces la lucha de los egos, es sustituida por el cariño y el aprecio del don que supone la otra persona para mí.

+ Mons. Mikel Garciandía Goñi. Obispo de Palencia