Hacia una cultura del cuidado

Hacia una cultura del cuidado

Queridos lectores, paz y bien.

En todo tiempo, y de un modo especial en este tiempo del Adviento, el Señor invita a su comunidad a que vigilemos y a que tomemos distancia, salgamos al desierto para afinar nuestra escucha, ya que siempre nos habla. Como Iglesia católica, necesitamos vivir atentos, revisar continuamente nuestros actos, para asegurarnos de que efectivamente somos hijos de la luz y no de las tinieblas. Porque no somos sus ángeles, sino seres de carne, de condición pecadora y rescatados por Cristo para ser santos. Por ello, como Iglesia, no podemos tener ninguna connivencia con el pecado, no podemos ser ambiguos con respecto del mal. Y mucho menos cuando este tiene forma de abuso a menores y a personas vulnerables por parte de miembros del clero, consagrados o laicos con una encomienda pastoral.

Los cristianos hemos de dolernos de modo especial cuando algunos hombres de Iglesia, se han aprovechado del prestigio y la autoridad de esta para cometer abusos a menores y personas vulnerables. Los escándalos de pederastia, abusos de autoridad y de poder han empañado un rostro que debiera simplemente reflejar el amor y la bondad del Dios de Jesús. Junto con la tarea iniciada resueltamente por Benedicto XVI, el Papa Francisco redactó una Carta apostólica cuyo título es Vos estis lux mundo. Se inspira en esta cita evangélica: «Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte» (Mt 5,14).

Francisco inicia su documento de marzo del 2023 así: «Nuestro Señor Jesucristo llama a todos los fieles a ser un ejemplo luminoso de virtud, integridad y santidad. De hecho, todos estamos llamados a dar testimonio concreto de la fe en Cristo en nuestra vida y, en particular, en nuestra relación con el prójimo. Los delitos de abuso sexual ofenden a Nuestro Señor, causan daños físicos, psicológicos y espirituales a las víctimas, y perjudican a la comunidad de los fieles. Para que estos casos, en todas sus formas, no ocurran más, se necesita una continua y profunda conversión de los corazones, acompañada de acciones concretas y eficaces que involucren a todos en la Iglesia, de modo que la santidad personal y el compromiso moral contribuyan a promover la plena credibilidad del anuncio evangélico y la eficacia de la misión de la Iglesia. Esto sólo será posible con la gracia del Espíritu Santo derramado en los corazones, porque debemos tener siempre presentes las palabras de Jesús: “Sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15, 5). Aunque ya se ha hecho mucho, debemos seguir aprendiendo de las amargas lecciones del pasado, para mirar hacia el futuro con esperanza».

En Palencia y en todas las diócesis españolas se instituyeron oficinas para la protección de menores y personas vulnerables, con una delegada diocesana, encargada de vehicular, dar curso y atender a todas las denuncias y consultas de surgieran. Este año hemos continuado lo que nos piden la Iglesia y las víctimas estableciendo una comisión para propiciar entornos seguros, desarrollar el ámbito de la prevención y generar una cultura del cuidado.

No nos podemos conformar con reaccionar ante los posibles casos que se susciten, sino que pretendemos que todas las actividades de la Iglesia promuevan y generen un estilo pastoral en el que las conductas reprobables no solo no sean viables, sino que se forme a los menores, vulnerables y agentes de pastoral en unos protocolos de seguridad reconocidos, públicos y trazables en todas las fases.

Por ello, en la comisión diocesana para los entornos seguros, hemos organizado un itinerario formativo para agentes de pastoral que tendrá su comienzo el próximo 12 de enero. El encargado de la oficina de menores de la Conferencia Episcopal Española, don Jesús Rodríguez Torrente, dará inicio a un trabajo de tres años, y que luego se prolongará dentro del ámbito de la formación permanente de la diócesis. Esta jornada llevará por título “Tendiendo puentes para proteger, acompañar y sanar”.

Ese día, habrá dos sesiones de trabajo: por la mañana con sacerdotes en el Centro Juvenil Diocesano, y por la tarde, para laicos y personas consagradas en el Centro Cultural Provincial. Como comunidad cristiana, nuestra intención es luchar contra todo tipo de abuso. Junto con el abuso sexual, está el abuso de poder, abuso espiritual y abuso de conciencia. Es importante propiciar la madurez afectiva, en esta sociedad exasperada por el narcisismo, y con una sexualidad desconectada de la visión vocacional de la vida.

No queremos simplemente reaccionar a problemas, sino que queremos responder al reto del Señor de ser luz del mundo, sal de la tierra, escuela de vida, semilleros de vocación humana y divina. Es mucho lo que hay en juego: el ser o no ser de la identidad y misión de la Iglesia.

+ Mons. Mikel Garciandía Goñi

Obispo de Palencia