Queridos lectores, paz y bien.
Los seguidores de Jesús hemos recibido la invitación de adentrarnos en el desierto. Hoy en nuestras comunidades, se proclama el evangelio de las tentaciones de Jesús: «en aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y el Espíritu lo fue llevando durante cuarenta días por el desierto, mientras era tentado por el diablo». Resulta extraño para nosotros, que tendemos tantas veces a espiritualizarlo o a materializarlo todo, ver cómo es el propio Espíritu Santo el que aleja a Jesús del escenario de su vida pública, y lo lleva al lugar donde el silencio y la soledad resultan tan amenazantes y peligrosos.