Queridos lectores, paz y bien.
Hoy es el domingo de Ramos en la Pasión del Señor, y la primavera ha estallado alrededor. El ciclo de la vida vegetativa avanza indiferente ante tantas señales de alarma social y política en nuestro mundo. Es además la Semana Santa de un año jubilar, en el que se nos asegura que la esperanza no defrauda. Recuerdo mi juventud, cuando yo me debatía en una intensa lucha interior buscando cómo responder a la llamada de un Dios que me pedía dejarlo todo. Para mí, me era más cómodo vivir el otoño y el invierno, en los que la vida retenida y dormida mitigaba mi anhelo de plenitud. La llegada de la primavera en cambio, me producía un agudo dolor, una nostalgia, ya que la naturaleza iba despertando y hacía aflorar en