Convertir nuestro corazón al Señor que viene

Dos son las ideas que por medio de Juan Bautista nos presenta el segundo domingo de Adviento. La cercanía del Salvador y la necesidad de preparar el camino para que llegue hasta nosotros y nosotros vayamos hasta él.

Dios está cerca

Aunque pueda parecer obvio y evidente de que Dios está cerca, con frecuencia vivimos dándolo por supuesto, pero sin experimentarlo, y pudiéramos decir que vivimos sin tener en cuenta que Dios está cerca de nuestro mundo, de nuestra realidad y de nuestra vida. Por eso, esta es la primera urgencia que hoy nos recuerda la liturgia. Tomar conciencia de que Dios está cerca. Que no es algo lejano, sino que está interesado en formar parte de nuestra vida. Muchas cosas hoy nos impiden ver a Dios cerca. Muchas realidades y situaciones nos ocultan la presencia de Dios entre nosotros. Sentir la presencia de Dios entre nosotros constituye la primera llamada que la Iglesia nos hace. Más aún, se nos invita a descubrir y sentir la necesidad de que Dios esté cerca de nosotros. La ausencia de Dios supone ausencia de amor, de alegría, de esperanza para nuestro mundo y para cada uno de nosotros. La cercanía de Dios motiva la vida de los creyentes, fortalece nuestro deseo de vivir con alegría.

 

Preparad el camino

La segunda cosa que al iniciar el adviento se nos propone es preparar el camino que nos acerque a nosotros a Dios y que a Dios le haga cercano a nosotros. Son muchas las cosas que obstaculizan que Dios se haga presente entre nosotros y hay demasiados obstáculos que nos impiden acercarnos a Dios. No dejamos a Dios que se acerque a nosotros. Los caminos que nos acercan a Dios están muchas veces intransitables, no nos acercan a Dios y no sirven para encontrarnos con Dios y los demás. Tenemos que hacer un proceso de examinar y descubrir cómo están los caminos que nos acercan a Dios. Es posible que los tengamos abandonados y llenos de baches no podamos ir hasta Dios. Se nos invita a descubrir qué caminos usa el Señor para llegar hasta nosotros. Caminos de sencillez, de silencio, de compañía, de dolor, de amistad por donde no imaginamos que Dios se hace cercano. Caminos de compartir, de dialogar, de acoger a los demás que transita el Señor para llegar hasta nosotros.

 

Convertíos

El compromiso de este segundo domingo que nos pide Juan el Bautista es la conversión. Palabra que hemos despojado de significado y apenas expresa nada. Convertirse, cambiar de forma de vida, de comportamiento, de actitudes es fruto de la venida de Jesús y a la vez condición para que lo acojamos en nuestra vida y en nuestro corazón. Si nada cambia no habrá lugar para Dios en nuestras vidas. Si aceptamos a Dios cambiaremos nuestros corazones. Es la doble paradoja de la venida de Cristo a nuestro mundo. Cambiaremos si convertimos muchas de nuestras actitudes y comportamientos. La figura de Juan Bautista nos ofrece algunas pistas de cómo debemos cambiar. Su carácter austero, exigente, recto, honesto, religioso, sanador y limpiador a través del bautismo sigue siendo espejo donde mirarnos para vivir este Adviento. Imitemos a Juan Bautista y así convertiremos nuestro corazón al Señor que viene.

 

Comentario al Evangelio del 4 de diciembre de 2022, por José María de Valles, delegado diocesano de Liturgia. Emitido en “Iglesia Noticia” de la Diócesis de Palencia