Palabra y Vida - Humildes y necesitados de ayuda

Palabra y Vida - Humildes y necesitados de ayuda

¿Qué hacer para que Dios me escuche? ¿Cómo rezar de modo que a Dios le agrade mi oración? Estas preguntas pueden resumir lo que la palabra de Dios hoy nos propone.

 

Considerarse justos

Los méritos, la hoja de servicio, el currículo son instrumentos que en la vida usamos para acceder a conseguir un puesto o un reconocimiento. Mostrar y demostrar que poseemos cualidades y valores nos hacen concebir mayores esperanzas a la hora de alcanzar algo que pretendemos. Este comportamiento a veces lo usamos con Dios. Esperamos que presentándonos suficientemente repletos de méritos estaremos más cerca de doblegar su voluntad y seremos atendidos mejor. El primer personaje del evangelio así lo cree y, por ello, se presenta en el templo haciendo ostentación de méritos y valores. Se considera excelente persona, superior a los demás. Llega al templo presumiendo de prestigio y buenas obras hasta el punto que, engreído de su comportamiento, desprecia a los demás. Desde esa tribuna de autosuficiencia y poder se dirige a Dios pretendiendo lograr su amistad por lo que ha logrado y tiene. La realidad que Dios ve es diferente. Para Dios el fariseo no ha ido a rezar, sino de visita para recordar a Dios que él es bueno. No va a pedir, no siente necesidad porque ya lo tiene todo. Su oración engreída mira a sí mismo en lugar de a Dios hasta el punto que su soberbia le hace sentirse superior y despreciar a los demás.

 

Ten compasión de este pecador

El segundo personaje que entró en el templo a rezar lo hizo de una forma totalmente diferente. Se queda atrás, se arrodilla, y su oración expresa lo que su corazón siente. No se atreve a mirar a Dios y mira su interior descubriéndose pecador y necesitado. No usa palabras que adornen su vida. Desde el silencio reconoce su condición de pecador y pide misericordia. El publicano al ir a rezar se encuentra consigo mismo, con su dolorosa realidad y, a la vez, con la misericordia de Dios porque se conmueve ante quien se reconoce pecador y necesitado de su amor. Dos notas que debemos tener presentes en nuestra oración la humildad y el arrepentimiento. Jesús ejemplariza esta forma de orar porque Dios escucha siempre al necesitado.

 

Iguales

Un tercer mensaje que encierra la parábola leída hoy es que para Dios no existe acepción de personas. Dios nos considera iguales en cuanto que todos somos sus hijos. Para él no puede haber clases, acepciones o favoritismos que provengan de nuestra posición social, económica, cultural o racial. Ante Dios nos justifica el corazón con que nos presentemos y la actitud humilde y sencilla con la que pedimos. Dios nos escucha siempre que vayamos a Él con humildad y necesitados de su ayuda.

 

José María de Valles - Delegado diocesano de Liturgia