Siendo un tiempo “fuerte” del año litúrgico, sin embargo, es un tiempo que no tiene sentido en sí mismo, sino en función de aquello que prepara. El paso de Dios por nuestra historia, que llamamos PASCUA. Por ello, la cuaresma es un itinerario, un camino que nos conduce a la Pascua. Cada domingo podemos descubrir cómo recorrer ese camino a través de las lecturas que proclamamos.
Bajo el título «Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión» el papa León XIV nos invita, en primer lugar, a dar espacio a la Palabra a través de la escucha. Además del tiempo de escucha, da importancia al ayuno «que constituye una práctica concreta que dispone a la acogida de la Palabra de Dios». Su mensaje lo titula: Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión, que desarrolla en tres apartados: escuchar, ayunar y juntos.
Escuchar
El evangelio del primer domingo relata las tentaciones de Jesús en el desierto antes de iniciar lo que llamamos su vida pública. Lo primero que sorprende es la palabra misma de tentación a la que hemos desprovisto de significado, aunque está muy presente en nuestra vida diaria. Son muchas las cosas con las que hoy somos tentados, seducidos, atraídos e inducidos a hacer algo, a comprar algo o a vivir de una determinada manera. Muchas cosas se nos presentan como atractivas, fascinantes y sugestivas y se nos pide tenerlas, realizarlas o seguirlas. En la mayoría de los casos todo esto no lo vemos como tentación sino como elección carente de maldad. Siguiendo el mensaje del papa hoy debemos escuchar para saber afrontar y resolver la tentación. Son muchos los mensajes que continuamente oímos sobre qué hacer, cómo vivir y cómo ser. Es posible que en ese mensaje se esconda la tentación de cambiar mi vida, mi forma de pensar y mi fe. En la soledad y en el desierto de nuestra propia experiencia personal de fe aprendamos a escuchar lo que se nos propone y sepamos ver qué tentaciones nos proponen.
Ayunar
El papa León resalta el valor del ayuno para recorrer el camino cuaresmal y por tanto de superar las tentaciones. Jesús ante la tentación se abstiene de hacer lo que se le propone. Se priva convertir las piedras en pan. Rechaza la fama de ser tenido por héroe. Ayuna de la riqueza y el poder que le ofrece el tentador. Hoy seguimos siendo tentados de igual modo. Queremos convertir todo en pan, en alimento, aspiramos a tener más fama ante los demás y no nos saciamos de poder y riqueza a cuenta de que eso nos lleve a no adorar a Dios.
Sigue siendo receta valiosa ejercitarse en el ayuno. Sigue siendo hábito cuaresmas privarse de algunas cosas que sin ser malas nos apartan sin darnos cuenta del auténtico seguimiento a Señor. Cambiar un poco nuestra vida de cristianos, convertir nuestro corazón para vivir el encuentro con el Cristo Pascual nos exige ayunar de muchas cosas de las que ya no queremos ni sabemos desprendernos pero que no nos llevan al Señor.
Juntos
Acabamos nuestra reflexión atendiendo la última recomendación que el papa nos hace para vivir esta Cuaresma. Vivámosla en comunidad, en iglesia, en familia, nos dice. No debe ser solamente un camino individual sino comunitario. Nuestra oración, nuestro ayuno y nuestra caridad debemos hacerla en comunión con los demás. Descubramos el sentido comunitario de vivir este tiempo de preparación. La iglesia nos ofrece prácticas propias de este tiempo para vivir y celebrar juntos. Algunos ejemplos pueden ser el ejercicio del Vía Crucis, los viernes de cuaresma, la celebración de un día de retiro o de silencio, el rezo de laudes o vísperas en la parroquia… El papa nos recomienda que nuestras parroquias, familias, grupos eclesiales y comunidades religiosas realicen en Cuaresma este camino compartido.
José María de Valles – Delgado diocesano de Liturgia