Palabra y Vida - Pastor y Puerta

Palabra y Vida - Pastor y Puerta

El cuarto domingo de Pascua se le conoce como el domingo del Buen Pastor. San Juan emplea siete definiciones que Jesús hizo de sí. Dos de ellas las encontramos en el evangelio de hoy. Define a Jesús como Pastor y como Puerta, aunque esta segunda imagen es menos conocida. Dos imágenes que hoy no nos dicen mucho. Debemos imaginarnos la vida en tiempos anteriores si queremos descubrir el sentido auténtico de estas imágenes. Debemos retroceder a sociedades donde tanto el pastor y la puerta tenían funciones que hoy desconocemos.

 

Pastor

Cuando san Juan quiere describir al buen pastor lo expresa diciendo que a sus ovejas las llama por su nombre. Manera maravillosa de expresar el amor, el interés y la preocupación de ese pastor hacia su rebaño. Su rebaño no es la suma de desconocidas y anónimas ovejas, sino individualidades que conoce y ama. Que nos conozcan por el nombre revela y demuestra que les importamos, que nos valoran y aprecian. Nos revela que no somos desconocidos, sino que formamos parte de quién sabe quiénes somos. El evangelista Juan muestra así el amor que Jesús tiene por nosotros a quien nos conoce por nuestro nombre y así es capaz de cuidar y guiar a cada una de sus ovejas.

 

Puerta

Más difícil nos resulta entender el significado de la puerta. Nuestras ciudades abiertas carecen de murallas y puertas para entrar. Pero en las sociedades antiguas las ciudades se protegían con murallas y el acceso solo era posible a través de las puertas. Frente a la inseguridad del campo, la ciudad ofrecía protección y seguridad. Desde esa perspectiva debemos ver y entender la imagen de Cristo Puerta. A través de esa puerta que es Jesús encontramos refugio, cuidado y protección. Atravesando esa puerta accedemos a los pastos verdes que nos alimenten y al aprisco seguro que nos proteja de los peligros.

 

Conocer la voz

Pero el evangelio de hoy no habla solo del Pastor y de la Puerta sino de nosotros, los que seguimos a ese Buen Pastor y elegimos esa Puerta para encontrar seguridad y salvación. El evangelio nos dice que aquellas ovejas conocen su voz y por eso le siguen. Conocer la voz expresa conocimiento y amistad hasta el punto que la voz identifica la persona. De ahí nace la confianza para seguirlo. Llegado a este punto debemos preguntarnos si conocemos la voz de Jesús. Tal vez podamos deducir que si muchas veces no lo seguimos se pueda deber a que no reconocemos su voz, que no nos suena familiar y no tiene el valor de la voz del amigo que nos ama. Este sería el compromiso de este cuarto domingo de la Pascua escuchar más la voz del Pastor que nos ama para poder seguirlo y fiarnos de Él.

 

José María de Valles - Delegado diocesano de Liturgia