En medio de las crecientes tensiones en el polvorín de Oriente Medio, en medio de las bombas y misiles que siguen cayendo sobre la «martirizada» Ucrania, en medio de los muchos pequeños y grandes conflictos que laceran y matan de hambre a los pueblos africanos, mientras, en definitiva, «los vientos de la guerra y los fuegos de la violencia siguen asolando pueblos y naciones enteras», el Papa llama a las «armas» -las de la Iglesia, del ayuno y la oración- a los millones de creyentes del mundo para implorar a Dios el don de la paz en un mundo hoy al borde del abismo.