Educar es un proceso complejo. Siempre se pone en juego el protagonismo del niño o niña, del adolescente, del joven o del adulto de cualquier sistema educativo. Éstos nos son sujetos pasivos sino que deben situarse en el centro de todo este proceso. Esta idea subyace en el “Pacto educativo Global” que el papa Francisco ha propuesto para esta sociedad global del siglo XXI; la persona siempre en el centro.
Para ello se necesita construir una “alianza educativa” que involucre a todas las personas; una aldea de la educación donde se comparta el compromiso por generar redes de relaciones humanas, procesos educativos inclusivos y abiertos.
Y es que cada persona tiene un valor único; la dignidad de una universitaria de Oxford ha de ser la